
»Adentro mismo de la barra brava de River
»La frase: “Si no tenemos merca fumamos chala y vamos a la cancha con damajuanas”
»Por Adrián Fajardo | Tiempo de lectura: 8′03”
Los dinosaurios van a desaparecer, cantaba Charly García, y, lentamente y de distinta forma, por juicio o muerte natural, lo están haciendo. Lo que no va a desaparecer, lo quiera Charly, Castrilli, Kirchner o Bush, son las barras bravas. Es que en el fondo, y por lo menos acá en Sudamérica, nadie pretende su extinción. En ellos radica la violencia y el poder; poder para dirigentes, poder para políticos, poder para sindicalistas. Vayan a preguntarle a Luis Barrionuevo por los pesados de Chacarita. Las barras no mueren, sólo cambian de jefes.
Esto, justamente, está pasando en la que todos coinciden es la barra brava más violenta y mejor organizada de Argentina desde la mítica pesada boquense de los ochenta comandada por José Barrita, alias “El abuelo”. Es la barra de River. Son los Borrachos del tablón. Recientemente, las luchas internas e intestinales entre ellos mismos concluyeron con el asesinato de uno de sus capos, Gonzalo Acro, de 28 años, y rápidamente comenzó el desfalco, o la caída, de quienes lideran (¿lideraban?) la pesada de River, y que están enfrentados entre sí: Adrián Rosseau, la letra con sangre entra; y Alan Schlenker, cuyo manifiesto objetivo es (¿era?) convertirse en presidente de River.
Rosseau y Schlenker lideraban al reconocido internamente como El grupo chico, que llegó al poder de la barra a principios de 2002. Aunque suene raro, la mayoría de los hinchas que van a la tribuna popular del millonario los recibieron con entusiasmo “por la limpieza de droga y robos que hicieron a fuerza de golpes, y de su condición de patovicas”, como indicó una nota de Clarín.
Sin embargo, hace un año empezaron las disidencias y los enfrentamientos entre Rosseau y Schlenker, y con ello el regreso de la violencia. La conocida como La Batalla de los Quinchos fue el primer intercambio violento a la interna. El asesinato de Gonzalo Acro el último. Rosseau y Schlenker se acusan mutuamente de este homicidio. Los Borrachos del tablón viven un momento crítico. El liderazgo de la barra más temida de la Argentina está en juego. En semanas, habrá normalidad, o más sangre. Los caminos se cierran.
Freeway presenta una inquietante crónica escrita por Adrián Fajardo, un uruguayo que el año pasado estuvo metido, por curiosidad antropológica, en medio de la barra brava de River. Aquí cuenta su experiencia.
Seguí leyendo el artículo