Si hablamos de personajes que saben lo que es tocar fondo y volver a subir, el Mickey Haller de Manuel García Rulfo se lleva todos los premios. La serie El abogado del Lincoln, que ya lleva cuatro temporadas y unos 40 episodios en el lomo, se consolidó como uno de esos dramas criminales que te enganchan sin darte mucha vuelta. La premisa, para el que todavía no se subió al auto con él, arranca después de que Haller pasa por un accidente que lo deja fuera de juego. Pero como no hay mal que dure cien años, el tipo vuelve al ruedo en Los Ángeles cuando le cae un caso de asesinato que le cambia el panorama por completo.
Una primera temporada a todo ritmo
La serie arrancó allá por mayo de 2022 y, desde el primer capítulo, quedó claro que Haller no es el típico abogado de oficina paquetón. El tipo labura desde su coche, un Lincoln que es básicamente su santuario. En esa primera tanda de diez episodios, lo vemos lidiando con el caso de Trevor Elliott, un juicio por asesinato que lo obliga a buscar pruebas donde nadie más mira.
Lo interesante es que la historia no se queda solo en lo que pasa adentro del juzgado. Tenés a Lorna siguiendo pistas por su cuenta, a Cisco preocupado por la seguridad y a Maggie, su ex, que le ofrece una punta para volver a confiar en su instinto mientras ella misma corre contra el reloj para atrapar a un traficante. Entre sobornos, teorías del caos y estrategias arriesgadas —como cuando Trevor decide subir al estrado a pesar de que es un peligro—, la temporada se cierra con un veredicto que te deja pensando en las consecuencias de arreglar errores del pasado. Es un policial sólido, de esos que acá en Uruguay nos gusta ver un domingo a la tarde.
Sundance y la sorpresa de The Invite: ¿Vuelve el cine para adultos?
Cambiando un poco de frente, el festival de Sundance nos dejó una joyita que viene a llenar un hueco que el cine comercial venía descuidando. Se trata de The Invite, una comedia que generó un revuelo bárbaro en su estreno con entradas agotadas. Si el año pasado algunos nos quedamos con las ganas de que más gente viera Splitsville, esta nueva película va por ese mismo camino: historias inteligentes, un poco caóticas y, sobre todo, hechas para gente grande.
Risas, tensión y parejas al límite
La trama se mete con dos parejas que se juntan y terminan negociando sus ansiedades sobre el sexo y la monogamia. Lo bueno de la película es que no se siente forzada; es graciosa de verdad y está dirigida con una prolijidad que hoy en día no se ve tanto en las comedias. No se va por las ramas con humor absurdo o cachetadas tontas, sino que se queda en un mundo real, lo que la hace mucho más efectiva.
Da gusto ver que este tipo de producciones de presupuesto medio están volviendo a aparecer. Salís de verla con esa sensación de que todavía hay directores que se animan a filmar algo bien estructurado y con un elenco que tiene química de sobra. Al final del día, tanto en la pantalla chica con Haller como en el cine con propuestas como esta, parece que el buen drama y la comedia ácida están encontrando de nuevo su lugar.


