El abismo humano y la furia animal: Dos visiones del terror en la pantalla

El panorama del entretenimiento actual nos ofrece dos visiones contrapuestas sobre la naturaleza del “monstruo”. Por un lado, tenemos la reconstrucción minuciosa y perturbadora de uno de los asesinos en serie más notorios de Estados Unidos; por el otro, el regreso al terror animal clásico, directo y sin pretensiones. A continuación, analizamos estas dos propuestas que exploran, desde ángulos diametralmente opuestos, el miedo y la violencia.

La sombra alargada de Milwaukee

La miniserie Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer, creada por Ryan Murphy e Ian Brennan, no es un visionado sencillo. A lo largo de diez episodios, la producción se adentra en la psiquis de Jeffrey Dahmer, interpretado por Evan Peters, quien durante más de una década logró evadir a la justicia mientras acababa con la vida de 17 hombres y adolescentes, en su mayoría afrodescendientes y asiáticos. La narrativa no se limita al recuento morboso, sino que plantea la interrogante fundamental: ¿cómo fue posible que sus crímenes pasaran desapercibidos por tanto tiempo?

La trama recorre la cronología del asesino desde sus años formativos. Vemos a un joven Jeff lidiando con problemas en el hogar y en el liceo, donde su comportamiento errático ya presagiaba la oscuridad venidera. Tras un divorcio turbulento de sus padres y un paso fallido por el Ejército, Dahmer intenta sin éxito encontrar estabilidad viviendo con su abuela. Es en este periodo donde su patología escala, comenzando la búsqueda activa de víctimas en bares y paradas de autobús, iniciando un ciclo de violencia que la policía, por negligencia o prejuicio, ignoró sistemáticamente.

Víctimas y consecuencias

Un punto crucial de la serie es el enfoque en las voces silenciadas. Se destaca la figura de Glenda Cleveland, la vecina que, tras soportar el hedor proveniente del apartamento de Jeff y escuchar situaciones alarmantes, intentó alertar a las autoridades sin recibir respuesta. La historia avanza inexorablemente hacia la detención de Dahmer, mostrando cómo figuras como el aspirante a modelo Tony fueron engañadas, y cómo un incidente con un adolescente finalmente puso al criminal en el radar de la ley.

El desenlace aborda el juicio y el encarcelamiento, momentos donde el padre de Jeff, Lionel, debe enfrentar sus propios demonios ante la opinión pública. Mientras las familias de las víctimas intentan seguir adelante pese a los recuerdos traumáticos y Glenda lucha por la construcción de un parque conmemorativo, la fama de Dahmer dentro de la prisión lo convierte en un objetivo, cerrando un ciclo de dolor que cuestiona la fascinación mediática por los asesinos.

Un cambio de tono: El terror animal de Primate

Dejando atrás el drama criminal y psicológico, el cine de género nos trae Primate, una cinta que llena el vacío dejado por otros éxitos recientes como M3GAN. Dirigida por Johannes Roberts, esta película no busca la complejidad sociológica, sino que apuesta por una premisa irresistiblemente simple y efectiva: un mono vive con gente, el mono contrae rabia, el mono mata a la gente. Con una duración ajustada de 89 minutos, el filme cumple con lo que promete, ofreciendo un entretenimiento visceral ideal para desconectar.

La trama nos presenta a Lucy, interpretada por Johnny Sequoyah, quien regresa a su hogar en Hawái acompañada de dos amigas, Kate y Hannah. La casa, con impresionantes vistas al acantilado y piscina infinita, es también el hogar de Ben, un chimpancé que fue criado casi como un hijo por la difunta madre de Lucy y que ahora está al cuidado de su padre, Adam (Troy Kotsur), un escritor sordo. La comunicación mediante lenguaje de señas y una aplicación táctil eleva a Ben de mascota a miembro de la familia, hasta que la mordedura de una mangosta rabiosa cambia todo el escenario.

Suspenso y efectos prácticos

Lo destacable de Primate es su apuesta por lo tangible. Ben no es una creación puramente digital; es interpretado por el especialista en movimiento Miguel Torres Umba, lo que otorga una presencia física y amenazante que el CGI rara vez logra. Cuando el virus de la rabia hace efecto, la hidrofobia característica de la enfermedad convierte la lujosa piscina infinita en una trampa mortal. El chimpancé, en su frenesí, acecha a las jóvenes que se refugian en el agua, creando una atmósfera claustrofóbica en un entorno paradisíaco.

La violencia en la cinta es explícita y recuerda a los clásicos del género, con efectos prácticos que no escatiman en sangre y brutalidad. Lejos de las reflexiones profundas de la serie de Dahmer, Primate se centra en la supervivencia pura. No pierde tiempo en subtramas innecesarias sobre el duelo familiar; su objetivo es mostrar el caos desatado por una naturaleza incontrolable. Al igual que cada generación tuvo su Cujo, esta película se posiciona como una opción sólida para quienes buscan emociones fuertes sin culpas, consolidándose como un thriller eficaz que sabe exactamente qué es lo que el público vino a ver.