|
Cuando era niño jugaba a ser dj. Tenía un micrófono negro, largo y flaco como un dedo en luto y uno de esos equipos Philips con doble casetera y sistema Dolby. Era un aparato menesteroso: una antena rota que yo había parchado con cinta adhesiva, el botón de REC completamente tieso después de tanto mix pirata y, al carecer de tapa, el cajoncito posterior de las baterías -que tenía vida propia- se esforzaba por hacer volar las pilas en medio de esos apagones cortesía de Sendero Luminoso que traían velas y vecinos aburridos a la cocina de mi casa.
|
|