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Un par de días después de la muerte de Michael Jackson, una amiga escribió en su Facebook: Un pedófilo menos. La frase, que originalmente no buscaba más que generar cierta jocosidad sobre el tema del que todos hablaban, derivó en un debate filosófico y moral en un espacio en el que difícilmente se encuentran discusiones tan acaloradas y sesudas. Obviamente, no me quedé afuera. Sabía que no podía ser objetiva con el tema, pero traté de serlo, porque me pareció extremadamente injusto, más allá del tono de broma, encasillar a una persona, y en este caso a un artista como Michael Jackson, en un apelativo como ese. Algunos se sumaron al comentario de mi amiga, expresaron casi felicidad por la muerte del cantante, pero otros, como yo, no podíamos...
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