|
Cuento cinco cabezas y registro tres idiomas diferentes. No conozco a ninguno, pero están todos sentados alrededor de la mesa de mi cocina. Uno de ellos, usando el índice como batuta, señala algo ubicado en el centro. Me acerco de a poco para descubrir que la discusión envuelve dos preguntas. La primera, si aquello es o no una droga. La segunda, si alguien tiene hojillas como para probar fumarlo. Cruzo mis dedos. Ojalá nadie le haya echado una bebida espirituosa, porque todavía le quedaba una vuelta.
|
|