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Ella mide 1.55 y pesa alrededor de 75 kilos. No sé cuánto de cintura y cadera, pero seguro que si la abrazo no puedo juntar mis manos atrás de su espalda. Ojos verdes, pelo rojo y bronceado mortuorio. Piel que lleva décadas adiestrada a tomar lluvia. Viste musculosa blanca, minifalda del tamaño de un cinturón y sandalias de punta abierta cuyo valor radica en su potencial para impedir el torrente sanguíneo, en una escala cromática que va del dedo azul al violáceo. Fue vista por última vez en un estado etílico apreciable, intentando reconstruir la capa diez del revoque dibujado en la mañana: en la capital del chubasco, esclavitud significa conservar la mascarita.
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