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"Un estudio de la mujer fin de siècle, esa nueva y terrible amazona, imbuida de todas las teorías modernas". Así liquidó, en 1894, la pieza Hedda Gabler, en el famoso compendio de literatura, nuestro querido Samuel Blixen. Unos años más tarde, en 1907, pasó del papel al escenario la heroína ibseniana, pero nunca llegó a tener la popularidad de Nora, mucho menos caprichosa. Porque con la aristocrática, la manipuladora, la decepcionada Hedda Gabler, como espectadores, es resbaladizo instaurar algún tipo de relación empática.
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