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El sábado se quedó en su cuarto. Cintia, Laura y Ana se juntaban en lo de Laura a ver un video sin padres. Alejandra optó por fumarse un caño y quedarse en casa dibujando con música y la tele en mute. Prende un incienso que huele a almendras y abre la ventana. Pone la pastilla del tocadiscos en el desnivel del surco negro y brillante y baja la púa lentamente con la palanquita. Mientras baja el brazo de la bandeja piensa en que todo el placer de la noche que comienza, está en manos del sonido cálido de la púa arando la canaleta de vinilo. Un soplido de derrape y el diamante se clava en el surco haciendo atronar las gaitas de la guitarra de Mollo en Crua-Chan. Escupe el humo atorada por la risa y levanta el brazo de la bandeja haciendo viruta de plástico. Me equivoqué de lado, pensó. Mira ahora la cara B del vinilo girar con sus brillos y se juega al pulso bajando muy lentamente la púa con el dedo índice. Suena el suspiro del cristal surcando el plástico, y la bombita azul del dormitorio hace que Fever tenga aire de pecera, y Alejandra es un pez que boquea el humo denso y azul del porro soplándolo por la ventana y lo ve desbaratarse con el golpe del viento.
Luca Prodan susurra romance y amor en la canción. Ella se sienta a lo indio y sobre la carpeta de cartón apoyada en las rodillas coloca la hoja en blanco. Agarra un 6B y el grafo gris oscuro va marcando un perfil de la cara que va sucediendo, que va encontrando. En la marimba porrera entrevé los rasgos de su amado. Borra fuerte el ojo, remarca la comisura del labio, ¡Toc, Toc!, se abre la puerta dejando entrar la luz blanca del estar con su madre a contraluz:
_M hija, hay un olor raro, ¿vistes? _Debe ser la pintura, Má. _No, no. Es como a quemado el olor. _Y yo qué sé (le dice bajando la vista enceguecida al dibujo. _¿Qué estás haciendo? ¿Pintando? (la madre sigue parada en su lugar sin soltar el pestillo de la puerta. _Sí, claro. Estoy en eso. Ya te dije que no me entres así al cuarto. Me pegás cada cagazo de novela. _Bueno, perdoná, pero lo que pasa es que hay un olor. _¡Ay, Má! Cerrame la puerta por favor que estoy dibujando. _Sí, sí, m hijita. Cierra la puerta suavemente y antes de soltar el pestillo la abre- No te vayas a quedar dormida con el pucho prendido, ¿eh? Mirá que se puede incendiar todo. _Sí, sí. Todo bien. Cerrá la puerta. _¿No viste que el otro día en el noticiero pasaron que una viejita de 82 años se quedó dorm.. _¡Cerrá vieja, por favor! _Bueno, bueno.
Y la puerta se cerró y Alejandra con el corazón latiendo apenas un poco más rápido deja la carpeta a un costado. Levanta la púa, se arrima a la ventana y prende el porro mirando un taxi que modera el diesel en la parada del bulevar. La calle se ve rosada por las luces. El humo es una serpiente gris con toques de naranja o azul según la luz que la toque. Cintia, Laura y Ana beben un café comentando Azul profundo de Luc Besson.
(*) canción de Elvis Presley, en versión de Sumo
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