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Alejandro logra acabar por primera vez en su vida haciendo el amor con su primera novia. Él tiene veinte años, ella dieciocho, y ya pasaron siete desde el primer intento de debutar. Había ido con Andrés y Néstor a un queco cerca de la terminal de Goes a ponerla. Eran menores en dictadura. En la habitación los posters de Mundocolor con John Travolta en Fiebre de sábado por la noche, Olivia Newton John y John en Grease bailando; las bombitas rojas que se confunden en el vaho de la palangana donde deja caer el pito con nervios, con miedo, y la lengua de la Mari que no logra que Alejandro se endurezca a pesar de ser experta en debutantes… los 15 años y la necesidad de carne, ¡¿pero tanta?!...
Ahora, tiene un cuarto donde vive solo, lleno de fotos y afiches de las cosas que marcan su alma; tiene una cama de madera, angosta pero de madera. Es una noche helada de junio. Un par de bombitas amarillas estratégicamente escondidas hacen brillar los pequeños ojos de porro en el beso largo. El sonido metálico y profundo de las cuerdas de Ry Cooder en “Paris, Texas”, reverbera en la lluvia que cae sobre las plantas del patio, y ella le levanta el buzo de lana amarillo y mete la mano por debajo del vaquero hasta tocar la erección. A Alejandro se le escapa una risa de nervios que desconcierta a Diana, pero sabe que es virgen y se motiva al instante, y luego apaga la luz sorprendiendo a Alejandro. No sabe que me gustan las tetas pequeñas. Al saborearlas se pone como loco cuando siente en su boca la carne de los pezones que son majestuosos, así que arremeto con lengua y dientes por todo su cuerpo, como había visto en las pornos. Procuro no cansar el clítoris escuchando sus gemidos. Se me aparece la frase de la canción “Mis problemas con las mujeres”, de Loquillo y Los Trogloditas, que dice: “…si no sientes sus uñas, clavadas sobre tu piel, sabrás como se pierde a una mujer…” y ella va gimiendo cada vez más fuerte, y no tengo condón, y tengo el macaco recontra duro y los nervios de acabar adentro me cortan el orgasmo, y no sé si ella conoce la canción, y me clava las uñas, y ahí justito las diez garritas arando mis omóplatos se suavizan cuando llegan a los riñones…
Alejandro enciende dos cigarrillos a la vez. Los ojos son mucho más brillantes y pequeños tras el velo azulado del humo que serpentea entre ambas caras. _¿Es verdad que es la primera vez? –pregunta Diana, y le pega una calada fuerte al cigarrillo sin dejar de mirarlo. _Claro. ¿Por qué me preguntás? _Porque no parece. ¿Cómo sabés tanto? _Por todas las porno que vi. _No parece. Alejandro está feliz, esto de las uñas en la espalda, piensa.
(*) canción de Ry Cooder.
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