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Estas son algunas de las ventajas de estar tan lejos, y sobre todo, de estar en el lugar y el momento indicados. Me sucedió el día en que se estrenaba Los abrazos rotos, la última película de Almodóvar. Mis fuentes no las voy a revelar... qué sé yo, por las dudas. La cuestión es que asistí a la avant-première, y no solo eso: también tuve el agrado de asistir a la fiesta de estreno, codeándome con todo el famoseo que se imaginen. ¡Estaban todos!
Ya en el cine, el fotocall (¡vaya a saber cómo se escribe!), fue el más largo de todos los tiempos; tanto, que ya me había olvidado que lo que había ido a ver era una película. En fin... que la vi. La crítica me la reservo. Véanla y luego charlamos. Pero la fiesta, la fiesta sí la paso a detallar.
Fue en el Círculo de Bellas Artes, un lugar maravilloso, donde hay teatro, salas de exposiciones, salón de baile, todo en un edificio un poco de la onda del Jockey Club, así, como de cinco pisos, con escaleras de mármol, columnas y techos altos. La organización había montado una escalera sobre la fachada del edificio, con una súper foto de Penélope Cruz, la foto del cartel de la peli, y las personas, o sea nosotros, ¡subíamos por su espalda! En fin, que terminabas entrando por uno de los balcones y ahí empezaba el paradise. Un poco exagerada, lo sé, pero es que esta gente sí que sabe organizar una fiesta… Tres mil personas, y nunca, nunca, se terminó la bebida, ni el hielo, ni la cerveza de repente se puso caliente. Había whiskies de todos los colores, gin, ron... ESTAMOS EN CRISIS, pero a ellos les da igual.
Todos, todos, todos los actores españoles estaban ahí. Y yo, claro. Y algún colgado más. El caso es que pensé: “en este quilombo de edificio, nunca voy a ver a la protagonista, o al director”. El caso es que sí, que subimos un par de pisos y allí, en el limbo del Círculo de Bellas Artes, estaba ella, ahí, charlando. Y yo ahí, con mi cubata. Les juro que lo único que pensé fue: "vos tenés un Óscar, y estás ahí... y vas al baño y estarás podrida de los tacos y de que te saquen fotos... y sí, sos humana, ¿no?".
Enseguida empezó el bailongo, con una banda buenísima de jazz, un swing increíble. Y yo, que me había encontrado con amigos, bailoteaba sin parar con ellos y con Alex de la Iglesia al lado; sí el de El día de la bestia, sí, ese, ahí, cubata con cubata. Y eso es solo el principio. Pregunten que si es español y actor, estaba allí, y yo también.
(*) desde Madrid
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