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No sé si por insomnio, por cambio de horarios o simplemente porque es genial, desde hace varios meses no puedo dormirme sin Ana Clara. La lectura que inducía mi sueño durante tantos años fue sustituida por la tarotista televisiva que ? ?de persona a persona? ? hizo que sus paneítos se volvieran mi obsesión nocturna. Por insistencia y omnipresencia, me generó una adicción inédita que disfruto sin culpa.
No sé si su videncia es ejemplar porque, sinceramente, les presto atención a otras cosas. Veo que tira cartas y las lee, pero no le doy bola. Pero está ahí, todas las noches. Para mí la estrella es ella; no sus consultantes, con historias tan reales que parecen de ficción. Entonces la analizo todo el tiempo: imagino su rutina, su cansancio, su entusiasmo, me pregunto cuándo será su cumpleaños, dónde sale a cenar con sus amigas. Ese tipo de cosas es gran parte de mis cuestionamientos nocturnos.
A veces me sorprendo porque me doy cuenta de que proyecto mucho en Ana Clara. Le hablo a la pantalla, le digo cosas. ?¿Qué pasa, Ana Clara, hoy te veo medio triste, paliducha, cabizbaja?. Y en realidad, el que está así soy yo. Cuando se acerca el fin de semana la veo más radiante y digo: ?Bien, Ana Clara, ya veo que te estás poniendo todas las pilas?. Nuevamente hablo de mí.
Mis amigos se han dado cuenta de que todo el tiempo uso palabras de Ana Clara, sus tics, su particular entonación. El otro día, frente a una vidriera, dije: ?estos collares son re Ana Clara?. No me da vergüenza; es más, lo tomo como un elogio porque a veces me gustaría ser como ella, sobre todo cuando da consejos. Es muy interesante que se dedique a indicar los pasos para alcanzar la felicidad y la prosperidad. No les dice ?vas a tener un empleo en tal y cual empresa?, sino que les aconseja hacer un currículum, llamar por teléfono a algún conocido, formarse. Lo mismo sucede cuando habla de amor; ella te dice qué pasos seguir, y seguro que la tiene clarísima.
Aunque las llamadas sean grabadas y repitan consultas de diciembre del año pasado, cambiando drásticamente de peinado de un programa a otro, yo siento que es algo que ocurre en este preciso momento, ahora, y que si no cruzo brazos ni piernas nuestros cerebros pueden coordinarse perfectamente.
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