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Jorge nunca había sido una persona a la que le gustara festejar su cumpleaños. Pero este año era diferente. Se habían mudado a una casa con Sofía, se habían independizado de sus respectivas familias. Comenzaban una nueva vida juntos.
Jorge invitó a viejos amigos, además de los actuales, gente que no veía hacía mucho tiempo. El cumpleaños sería en el fondo de la casa. Adentro no estaba muy arreglado todavía, y el living no era tan espacioso para la cantidad de invitados.
_Por favor, que hoy de noche no llueva -dijo en la mañana de su cumpleaños, a lo que Sofía respondió con una leve sonrisa. _¿Por qué te reís? _Por nada. Es que me acuerdo de lo que hablamos ayer, y me da gracia. Jorge pareció no entender. Sofía se refería a una conversación que habían tenido la noche anterior, con varias copas de vino cada uno encima. Habían hablado sobre Dios, las religiones y otro montón de cosas de ese tipo, en las que Jorge no creía para nada. Sofía era escéptica frente a cualquier tipo de institución religiosa, pero agnóstica en cuanto a las fuerzas superiores a su entendimiento.
Sofía le hizo acordar. _Es que estás diciendo Por favor, que hoy no llueva, y eso es contradictorio con tu ateísmo y escepticismo extremos. Le estás pidiendo por favor a alguien, o algo, que tiene el poder de hacer que hoy no llueva. Lo que demuestra un poco de fe en algo superior a vos mismo. _A la naturaleza -dijo Jorge, después de dudar. _Sí, pero le estás dando a la naturaleza una voluntad, con la cual puede hacerte un favor, y regalarte una noche despejada. Jorge se puso a buscar un contacto en su celular, como si tuviera el teléfono de alguien que le hiciera quedar bien en la discusión. Sofía tomó su bolso, y se acercó a darle un beso. _Es una forma de decir -dijo, como despedida. _Sí. Ya sé. No importa. Es que siempre te preocupás demasiado por la manera en que decís las cosas. Sólo estoy haciendo tu rol esta mañana. Sofía caminó hasta la puerta, y antes de salir dijo: _Va a ser una noche hermosa, las nubes se van a ir. Nos vemos más tarde, si Dios quiere.
A la tarde, el clima empeoró, y se largó una lluvia torrencial. Sofía llegó a la casa empapada, y entró con un regalo en la mano, que dejó sobre la mesa. Encontró a Jorge junto a la ventana, mirando el fondo, lleno de charcos en los cuales se formaban círculos expansivos que provocaban las gotas. Se acercó a él, y lo abrazó por detrás.
_Es sólo lluvia, amor -le dijo al oído, mientras él permanecía estático, mirando hacia afuera.
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