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Existe un fenómeno relativamente reciente que me ha llamado mucho la atención y que, en lugar de indignarme, me fascinaba, hasta que tuve que convivir con él en un viaje de tres horas de ómnibus. Me refiero al uso del teléfono celular como radio portátil.
Mis primeros encuentros con esta novedosa práctica urbana fueron en ómnibus de trayectos cortos. A medida que subían y bajaban los pasajeros, se armaba una curiosa paleta musical ilustrando mejor que cualquier medio lo que se escuchaba en ese momento. La muestra era más certera que los rankings radiales. No todo era cumbia, rock nacional y reggaeton. Me di cuenta de lo popular que eran los Tokyo Hotel por tantos celulares que los hacían sonar en los ómnibus, por ejemplo.
Después del episodio de las tres horas de convivencia con la chica electrónica que no me dejó dormir con su selección, fue charlando con un amigo al respecto que nos pusimos a reflexionar sobre el significado de la vuelta de la radio portátil.
Muy curioso que en el momento en que la tecnología avanza y avanza ?para adentro? (me refiero a todas las variantes de aparatejos con auriculares), se utilice una variante explícitamente ?para afuera?. Me refiero a que en muy pocos meses ya no resultó extraño ver chicos saltando al compás del sonido a lata de sus celulares, o que prescindieran de auriculares, o que nosotros mismos pudiéramos viajar con tres celulares ajenos musicalizando al mismo tiempo el espacio público.
Ya no es una molestia ni una curiosidad. No es algo del Youtube. Es una vuelta a una práctica que fue común en décadas atrás. Siento que de alguna manera hace caer el discurso de que cada vez la sociedad cosmopolita se vuelve más anónima. Las burbujas se abren y se conectan, interaccionan a su manera, invaden.
No quiero que este monólogo se convierta en una-nota-más-sobre-el-facebook-en-la-freeway, pero de alguna manera, en algún punto, se complementa con el Facebook, en el sentido de que enfatiza una vuelta al pueblo, a la aldea y al barrio, a esos espacios donde todos somos conocidos, donde es fácil acceder a otras privacidades. Lo extrovertido y la exposición como algo natural. El link al que accedemos de inmediato, abriendo y cerrando los ojos, en lugar de clickear.
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