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El precandidato colorado le respondió a la revista Freeway qué era de su vida antes de cumplir 30 años.
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Su aspiración era ser abogado y su gran hobbie el fútbol, como hincha de Wanderers. A los 20 años, no imaginaba una carrera política. Hoy representa al Partido Colorado, siendo el precandidato más joven. El 28 de abril cumple 49.
A los 20 era estudiante de Derecho y Ciencias Sociales, y a la vez era empleado administrativo bancario. Estudiaba por la mañana, entraba al banco a la una menos diez, y salía siete y veinte. A la facultad entraba a las ocho de la noche. Hice toda la carrera estudiando y trabajando, como muchos. Jugaba al fútbol en la Liga, y salía los viernes más que los sábados para estar descansado para el partido del domingo de mañana. Iba a ver la tercera y la primera de Wanderers al Viera. Había dejado una novia y empezaba a salir con otra.
En aquel entonces aspiraba a ser abogado y tener un medio de ganarme la vida. No me imaginaba una carrera política, ni cerca. Llegué a la política en el año 2000, cuando asumí en el Ministerio de Turismo, a los 39 años. Tampoco allí me imaginé que sería precandidato, pero fue el primer hecho que me hizo sentir parte de una nueva generación. Me pareció encontrar una administración pública con unas posibilidades tremendas que no se las aprovechaba y que el país no avanzaba -cuando podía hacerlo- por peleas o discusiones estériles.
Cuando fui candidato a la Intendencia de Montevideo fue el segundo momento. Sentí que había gente que entendía que era algo nuevo hacer propuestas en lugar de atacar la vida personal del adversario político de turno. Somos de propuesta, no de protesta. Soy parte de una generación pragmática. La llamamos pragmatismo sensible: si la solución es buena no me importa que alguno diga que es de izquierda u otro diga que es de derecha.
Lo que importa es que sea buena y la adecuada. El Plan Ceibal está bueno aunque lo haya realizado un gobierno que se dice de izquierda. El TLC con Estados Unidos habría que haberlo hecho, pese a que era el país contra el que lucha la izquierda. Basta de dogmatismos estériles, vamos a hacer las cosas. Eso es lo que creo caracteriza a esta generación. Una generación que se mira y se ve, que siente mucho más de lo que expresa y que hace mucho más de lo que dice.
Pedro Bordaberry
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