Freeway | FAMILIA GUERRILLERA
FAMILIA GUERRILLERA
tussi y la hermana menor
 10.03.2008 
FAMILIA GUERRILLERA
un día de abril llegué a new york. esa misma tarde, en saint marks, entré a una tienda y compré una remera de devo. pensé en tussi. me acordé de su viaje a esa misma ciudad, hace algunos años, cuando ambos trabajábamos en culturales de posdata. esa vez me trajo de regalo una remera de reservoir dogs, la primera de tarantino. el tiempo pasa. él tiene una banda. siempre tuvo una banda. pero ahora tiene la gran banda. la que mejor se incendia en ciertas y alcohólicas madrugadas montevideanas. hay quienes dicen que el rock está muerto �yo mismo-, que todo acabó, que vivimos en millones de burbujas-blogs-my space-flickr-ideologías disparatadas. que todo da lo mismo. vidas mediadas por cámaras que amontonan basura en memorias de millones de gigas. la cabeza te estalla cuando sentís que el rock existe. no es el mismo. pero está vivo. las tiendas de saint marks guardan el secreto del cbgb. y a miles de kilómetros de la gran manzana, bien lejos del glamour de manhattan, tussi lidera una pandilla de egomaníacos que es más peligrosa que tantos héroes que fueron y siguen siendo tapas de revistas. o están en las remeras. por eso, lo primero que hice apenas aterricé en montevideo fue ir a bj. una noche con la hermana menor. me sentí en casa. la misma casa demente en la que viven los que adoran el ruido. porque el verdadero ombligo está en las calles de pocitos de los primeros ochenta, cuando algunos eran más punkies que otros. tussi fue el primer guerrillero-urbano-posmoderno. veinte años después sigue siendo el primero, y también el último. no se bajó del escenario. porque tiene poesía, ganas de acción y una antipatía que devuelve el gesto icónico del que siente pánico y no lo esconde. después del show, unos días después, llamé al tussi: nos debíamos una charla extensa. no hablamos de new york ni de otras cosas más privadas y aburridas. eso queda para otro momento.


_El show de La Hermana Menor tiene la gran virtud de que en la escena destruís tu propio ego, para que la banda genere un cierto tipo de ritual en el que cada uno hace lo que quiere. Y todo funciona...
_La nuestra es una banda de egomaníacos. Y nadie le va a poner un freno ni un cerco a eso. A Iván igual le vamos a poner una mordaza, porque puede hacer lo que quiera pero no puede hablar arriba del escenario [risas]. Todos hemos logrado esa facilidad. Hasta yo, que soy un tipo bastante entreverado, últimamente me siento con más confianza para poder hablar con la gente.
_¿Y qué les decís? Porque la verdad que a veces sigue sin entenderse lo que hablás entre canción y canción.
_¡Los mando a cagar! Les digo que todas las canciones hablan de la madre del guitarrista, o que compuse tal canción para Trotsky Vengarán. Es conversación fática, como decía Jakobson.
_Se nota que ahora disfrutás de estar arriba del escenario. ¿Lo sentís así?
_Lo que pasa es que ahora son todos chiquitos... Ya no me da miedo [risas]. Yo no soy un tipo que me sienta cómodo arriba de un escenario. No me siento cómodo si estoy bajo observación. No sé exactamente por qué he seguido cantando, tal vez sea simplemente porque creo que lo hago mejor que otro que cante lo que yo escribo. Pero esa relación física de estar en el escenario... soy inadecuado para eso. Siempre fui inadecuado. Lo importante es poder canalizar toda esa atención, esa adrenalina, en una forma comunicativa que no tiene por qué ser la comunicación rockera tradicional. Entonces, a medida que la banda está más confiada, me siento también más confiado.
_Al frente de La Hermana Menor... estás en el personaje de Tussi. Pero firmás con tu nombre verdadero crítica de libros y de cine, primero en Posdata y ahora en La Diaria. Y por ahí aparecés con un nick en tus blogs. Todos esos caminos te diversifican y a la vez te unifican...
_De alguna manera soy muy inquieto, muy productivo en cuestiones expresivas, pero al mismo tiempo le tengo mucho miedo a la saturación y a la sobreexposición. Me ha tocado estar de muchos lados del mostrador. He sido barman y borracho (risas). He sido crítico y músico. Pero no he sido actor. Eso me deja tranquilo. Y siempre usando el lenguaje en sus distintas posibilidades, el formal y el informal.
_Si tuvieras que hacer un relato breve sobre La Hermana Menor, ¿qué contarías?
_Hasta el día de hoy lo sigo viendo como un nombre que ha persistido en el tiempo... Cuando miro para atrás no hay forma de poder relacionar lo que es la banda ahora con lo que era cuando se formó, en 1992. O lo que fue en el medio, o en los períodos en que simplemente no existió. La Hermana Menor tuvo siempre como señal distintiva que siempre se llamó así, y que siempre canté yo. Esa es una definición. No suena muy...
_Pero sigue siendo cautivante y ambiguo el nombre del grupo...
_Sí, siempre me quedé colgado con el nombre, que se relaciona con la novela de Chandler... pero en verdad a veces invento explicaciones distintas de por qué se llama así. La pregunta más estúpida del rock es por qué le pusiste tal nombre a la banda [risas]. Se puede decir cualquier pelotudez, a partir de un nombre como La Hermana Menor, y que todos sean verdad.
_Prefiero la interpretación de que pertenecés a una generación que tenía eso de ser �hermanos menores� del rock posdictadura. Los más chicos.
_A mí me pasa de haber sido el más chico de la generación del rock del �86. Cuando arranqué con Guerrilla Urbana tenía dieciséis años. Tenía unos cuatro o cinco menos que el promedio de esa generación de músicos. Es verdad.
_Y ya estabas arriba de los escenarios...
_Sí, eso me hace ser contemporáneo de los que estaban arriba. Pero simultáneamente, en relación a las bandas con las que tocamos hoy en día, soy uno de los más viejos. El único período en el que me pareció que estaba en la edad exacta para pertenecer a una generación, fue en la época de Juntacadáveres. Sin embargo, no me siento identificado con lo que más se nos identifica, que es con el rock underground montevideano. Realmente veo a La Hermana como una banda de música uruguaya. Es como que accidentalmente, o por los instrumentos que usamos, tocamos rock. Pero no tenemos esa cosa de extranjerización absoluta que tiene el rock under de acá. Entonces, no sé, como que siempre me sentí muy insular en ese aspecto, tanto generacional como estilísticamente.
_Sin embargo, abajo del escenario, sos seguidor ferviente de determinadas corrientes del rock norteamericano.
_No sé si de corrientes. Más bien te diría que sigo bandas o propuestas en particular.
_Pero sos más neoyorquino que londinense, por ejemplo.
_Sin duda. Y soy más brasilero que argentino, en cuestiones de gustos musicales. Y soy más uruguayo que brasilero. Es raro eso. Hubo una época en que me parecía que me interesaba determinado tipo de música, pero cuando empecé a tirar los piolines encontré que cada banda es un embudo con influencias muy distintas. Por lo menos las buenas bandas. Y esas influencias no necesariamente son todas asimilables a un estilo ni a un país ni a una propuesta.
_Siempre me sorprendió que a pesar de que estuvieras muy pendiente de la movida de los Sonic Youth, por citar una banda de tus preferidas, tenías presente los primeros discos de Jaime Roos.
_Nunca tuve problema de combinar Jaime Roos y Sonic Youth, y no porque crea en el crossover, sino porque están apelando a distintas partes de lo que a mí me gusta, y no son sustituibles. La música es un gran abanico. �sa es una cosa que me disgusta un poco de la música actual; las bandas de ahora se meten en pequeños nichos y no se mueven. Y las grandes bandas de música...
_Empezando por los Beatles...
_...Y también por los Rolling Stones... Ninguna de esas grandes bandas era de una sola canción; ofrecían un abanico. Es lo que a mí me interesa como compositor. Porque yo no estoy todo el día enojado, ni estoy todo el día triste, ni tampoco estoy todo el día borracho. Las cosas que me pueden motivar a escribir son muchas veces contradictorias. El hecho de que el espectador tenga una idea de que lo que hacemos se puede meter en determinado lugar, no me va a privar de expresarme de diferentes formas. Nunca fue la idea, porque a mí nunca me interesó el espectador. Bah, me interesó y me interesa mucho, pero no para hacerle caso. Me parece que es mi forma de respeto, justamente, no ser un musical delivery.
_¿Sentís que la escena contemporánea implica ser parte de cierta cuota de demagogia de las bandas hacia el público?
_Totalmente. Es un tema complicado, porque tiene que ver con códigos generacionales distintos. Si apelabas, en la generación del rock del 86, al discurso escénico que ahora es habitual en el rock uruguayo, yo creo que te mataban.
_El público mismo no creía en un rock popular. ¿Eso estás diciendo?
_No sé si es eso. Se tenía sí un concepto muy distinto de lo que era la participación, el apoyo. Como todo, en algunos aspectos era mejor, y en otros era peor. Realmente había una cosa muy destructiva en esa época. Pero acá parece que no hay punto medio.
_¿Lo decís porque el otro extremo sería un rock confortable?
_Sí, pero cuidado porque ese concepto va mucho más allá de la música. Se ve en todas las formas de arte, y creo que es consecuencia de varias cosas, empezando con la aceptación del mercado como rector cultural. Eso lleva a que la gente tenga una relación de complacencia con respecto al arte. No tenés que lidiar con él. Si sos un muchacho triste de catorce años, tendrás tu banda para muchachos tristes. Si sos un gay no asumido de veintiocho, tendrás tu banda para gays no asumidos. Es todo así. Se ha perdido la experiencia de intercambio en el arte.
_Greil Marcos, en el ensayo Rastros de carmín, afirma que el punk es el punto de no retorno, la última vanguardia. Y que todo lo que viene después es déjà vu, representación, mercancía.
_En verdad es un problema cultural más amplio, y tiene que ver con que hay momentos en que las vanguardias se quiebran. El propio Marcus no sostiene exactamente lo que dijo alguna vez. Yo no soy -y es obvio para quienes hayan escuchado La Hermana Menor- un vanguardista.
_¿Te sentís un moderno?
_No, más bien un posmoderno. Pero yendo al punto, para mí justamente ese intercambio no está planteado tampoco en la confrontación de las expectativas del público, sino en la comunicación expresiva. No es más que eso. Y esa comunicación no consiste en darles exactamente lo que esperan que vos digas ni tampoco tirarles una palangana por la cabeza.
_¿Cómo recordás los tiempos en que subías con Guerrilla Urbana y cantabas �Razzia�?
_Me acuerdo muy poco de todo eso. Pero...
_Se me ocurrió ir hacia ese tiempo y lugar por el hecho de la conciencia de acertar con una canción tan directa, de dar en el blanco.
_�Razzia� no fue una expresión de principios, sino simplemente era decir lo que estaba pasando. Yo no me acuerdo mucho de esa época, pero no por los excesos sino porque... apenas fueron seis meses. Fue un flash. Pim-pum-pam, y se acabó. Fue una inadecuación tan absoluta... Guerrilla Urbana fue un momento de arte naïf, propia de gente que no sabía tocar y un cantante que no sabía cantar. Era una banda punk que no se consideraba punk. Todo muy loco. Le tengo cariño a eso, pero a esta altura me parecen cosas que hizo otra persona.
_Pero es probable que de no haber existido Guerrilla Urbana jamás te hubieras subido a un escenario. Como que te permitió cierta impunidad de ir y hacerlo.
_Por supuesto. Yo formé una banda a los dieciséis años, sin ser músico y sin tener ninguna vocación al respecto, simplemente porque era una cosa que se podía hacer. Era como ir a Bariloche. Pero la experiencia me hizo tomar contacto con algunas cosas que me interesaban muchísimo, aunque no tanto como para asumirlo inmediatamente como mi vocación, como mi carrera. Siempre tuve una relación de �sí, pero no�. Para mí, todo esto es un accidente. A mí me gustaba el rock y sabía escribir en rima, y como precisaban alguien que cantara en la banda del barrio...
_Era Pocitos, mil novecientos ochenta y seis... la primavera punk.
_El punk de los ochenta fue ahí; en Pocitos y un poco en Cordón. Lamentablemente es imposible valorar esa época en razón de los vestigios artísticos que quedaron, porque es como tratar de valorar una ciudad por sus ruinas. O por sus detritus, para ser más exacto. El espíritu de movimiento, creación y experiencia que hubo en esa época fue muy grande. Fue un momento absolutamente privilegiado, que duró hasta 1989, exactamente hasta el triunfo del voto amarillo.
_¿Ahí se terminó la movida?
_Fue un quiebre. Absolutamente. De todos modos es un tiempo extraño el de la posdictadura, porque se generó un arte muy sombrío, aunque en realidad era una época de fiesta. Pero te hablo de terrible fiesta: recitales en la calle, y un destape absoluto, en muchos aspectos. Fueron tres años muy copados.
_¿Por qué pensás que se dio esa paradoja de un explícito nihilismo en pleno ambiente de fiesta?
_Era una época en que había muchos discos de Joy Division en la vuelta [risas]... De alguna forma eran discos que respondían a otra realidad, a la realidad thatcheriana más opresiva. Hay cosas que se explican por hechos tan simples como ese... Además, la negación en términos artísticos es algo fantástico, sobre todo para alguien joven. Y como en Uruguay había toda una tradición de música contestataria, una tradición muy bienpensante, era lógico que en el momento que toda una generación descubría otra forma de expresarse, que admitía un lado oscuro, fuéramos para ese lado...
_¿Qué pasó con el barrio, con aquel Pocitos?
_Ya no hay nada, no quedan casi rastros. Yo viví en Pocitos en la época en que andabas en bicicleta todo el día por la calle, que había perros sueltos. No creo tampoco haber sido un pocitense clásico, pero crecí en un entorno barrial de clase media batllista, a la uruguaya, que hoy eso se ha convertido en una especie de conglomerado de acumulación de dinero y de gente que no reconozco.
_Siguiendo en el plano de tu vida abajo del escenario, ¿cuánto te cambió trabajar en prensa cultural? Empezaste en Posdata, y ahora estás en La Diaria...
_Fue totalmente azaroso. Ricardo Henry, que en ese tiempo era dueño de la disquería Atlantis, me pidió que hiciera una nota que él no tenía ganas de hacer... Desde niño siempre había sido un gran consumidor de cultura, pero nunca me había planteado ser un observador público.
_Además, estabas en la Facultad...
_Totalmente. Era estudiante de Letras, trabajaba free lance en publicidad, era barman.
_Y tenías cuenta en Atlantis.
_No sé si la saldé. Pero Henry no se quejó. En síntesis, me pasó lo mismo que con la música: al periodismo caí por accidente, porque fui capaz de hacer algo en un momento en que precisaban que se hiciera. Factótum. Y nada, fue como un nicho. Trabajé en Posdata unos cinco años y después estuve algunos años sin trabajar. A esta edad ya debería estar un poquito más seguro, pero no hay una actividad de la que yo diga �en esto quiero estar�.
_¿Nada te satisface totalmente?
_Nada. No me puedo leer a mí mismo. Me cuesta mucho escucharme. No es que no me guste a mí mismo, no es eso, pero es probable que tenga una concepción autocrítica casi agresiva.
_Como periodista cultural, ¿cuáles son las cosas que más te han impactado o que creés que han marcado los últimos años en Uruguay?
_Hace un rato hablábamos de cómo se murió un momento artístico por un momento político, justamente... Hace poco, entrevistando a un cineasta local, él me decía que el gran hecho de las últimas décadas es que exista cine uruguayo. Y es verdad. Es un hecho enorme, que va mucho más allá de las películas que se lleguen a producir. Sin dudas que es el gran hecho artístico uruguayo de las últimas décadas. También está esa cosa, medio de proeza, de músicos de rock que se metieron en la cabeza conquistar mercados internacionales y lo hicieron.
_A nivel generacional podría reducirse a los notables ejemplos de gestión de Control Z en cine, y de bandas como NTVG y La Vela Puerca en el rock. Los de la generación del 2002, por marcar una fecha, tienen en común no esperar nada de nadie. Y lograrlo. Nosotros venimos de una generación más introvertida, más perdedora.
_Es que esta nueva generación demostró una capacidad de trabajo gigante. Pero al mismo tiempo los veo con muchos menos pruritos éticos. Creo que el se puede se ha vuelto más importante que el qué cosa vamos a hacer. Es cierto, las generaciones anteriores fueron mucho más derrotistas, pero también hay cosas que no estábamos dispuestos a hacer... Con la banda, por ejemplo, hay cosas que no hacemos aunque sean buenas en términos de carrera, aunque sirvan en términos de exposición.
_También -a veces- algunas cosas se vuelven más que duras... Estuviste sin laburo bastante tiempo, por ejemplo. Eso fue durante la crisis. ¿Cómo lo viviste?
_El desempleo me hizo más daño que ninguna droga o exceso. No está nada bueno estar desempleado. Por suerte hace mucho tiempo que no me pasa.
_Pero fue en ese momento que empezaste con el blog Fuck You Tiger, que pronto se transformó en uno de los más populares.
_Con el blog me pasó una cosa parecida a lo que me pasó con Guerrilla Urbana, de decir lo que me estaba pasando. Pero al mismo tiempo no sé si me interesaba que quinientas personas por día leyeran mi mal humor eventual. Si alguna vez tuve popularidad con el blog fue porque a la gente le gustaba ver a alguien haciendo catarsis en forma pública.
_Una catarsis bastante elaborada...
_Sí, pero no tanto. No estoy tan de acuerdo. Todo lo escribía de un tirón, sin pensar dos veces, sin diferenciar mucho el discurso público del privado.... Hubo un momento en que se generó demasiada atención.
_¿Por qué lo dejaste? ¿Porque entraste en un medio formal, o porque ya no tenías necesidad de mantener un blog?
_Por todo a la vez. Pero creo que lo esencial es la conciencia... Ahora tengo más claro qué es lo que puedo escribir como bardero anónimo de la vuelta y lo que puedo escribir como editor de cultura de un diario. Jamás se me puso ningún tipo de condicionantes en el medio en el que escribo, pero creo que este es un momento en el que tengo que manejar una escritura más formal, y no quiero mezclar los tantos.
_Paralelamente la banda empezó a sonar, a tener más exposición, a crecer en cantidad de público en los shows...
_A mí me resultan muy paradójicas las cosas que están pasando ahora con la banda. Siempre me pregunté por qué la banda nuestra estaba tan fuera del radar, en relación a lo que estábamos tocando, incluso al público que teníamos. Y de pronto estamos de vuelta. No estábamos, y ahora hay nominaciones al Graffiti... Y no cambió nada; estamos haciendo lo mismo que hace tres años o cuatro; las mismas canciones.
_¿Cómo sos al frente de la banda?
_Como integrante de la banda soy un tipo bastante apacible y que tiende al trabajo colectivo. Por eso formo bandas y no tengo un proyecto solista. El principal problema es que siempre fue una banda que exigía mucho trabajo, con cero recompensa. Hay como una especie de presunción, cuando cuentan la cantidad de músicos que han pasado por la banda, de que soy una persona con la que es muy difícil trabajar. Pero incluso en los momentos en que la banda parecía una puerta giratoria, yo tenía muy poca injerencia en el funcionamiento interno. Justamente es lo contrario de lo que la gente piensa: mi principal problema fue de ausencia, no de presión.
_El primer disco demuestra precisamente ese estado...
_Fue un parto. Llegamos con la banda absolutamente disuelta. En el momento en que se edita Ex ya se había reformulado la banda con músicos nuevos, algunos de los cuales siguen en la formación actual... Y la gente que grabó Todos estos cables rojos es exactamente la misma que sigue tocando ahora.
_Para el segundo disco aparece Carlos Casacuberta en el rol de productor artístico. ¿Cómo fue su trabajo?
_El disco estaba todo grabado cuando trajimos a Carlos. Estábamos trancados en la mezcla. Necesitábamos que alguien de afuera dijera: �basta, esto está terminado�. Pero él le aportó al disco un trabajo sonoro general... si hubiésemos terminado de hacer la mezcla nosotros, el disco habría sido menos expresivo. Y lo cagamos a pedos, por supuesto. Eso es algo absolutamente inevitable. Es una banda con mucho maniático; una banda en la que básicamente todos sus integrantes han sido en algún momento líderes de otras bandas, y eso se nota mucho.
_Y es también una banda que le gusta tocar a las tres de la mañana...
_¡No me gusta tocar a las tres de la mañana! ¡No me gusta nada!... Tampoco me gusta tocar a las nueve de la noche. A mí me gusta tocar a las doce, cuando la gente ya se siente un poco relajada y ya hizo la digestión de la cena... Pero sí, nosotros somos una banda nocturna, no somos una banda que se caracterice porque la inviten a tocar en recitales multitudinarios, o en proyectos municipales.
_Y vos, como espectador, ¿te quedás con el rock multitudinario o con el de las cuevas?
_Con las cuevas, siempre. Pero no sé... de cualquier forma las cuevas tienen un problema también: el problema de identidad y de no contar con discurso propio. Es una cosa que me resulta un poco frustrante. Entre el rock pilsen y los trapos y el sentimiento incontrolable que no se puede parar, y el otro, el absolutamente autista con bandas capaces de cantar en arameo, tendría que existir un punto medio. Hay como una especie de exceso de emoción por un lado, de identificación con el público y con Uruguay; y por otro lado un rechazo a la identidad hasta tal punto que lo único que importa es disolver la propia identidad en la mimesis. Pero a mí me gustan más las cuevas porque me gusta el rock de lugares donde la gente bebe, se interrelaciona y no está obligada a prestarle atención a nada en especial.




del otro lado del mostrador

dos horas después de terminada la charla, recibo un mail de tussi. �me quedé pensando un poco, después de la entrevista, porque no me pareció que haya sido mi mejor momento. así que, dejando en tus manos el utilizar algo de esto o no, me gustaría amplificar algunos conceptos de cosas que hablamos�. lo siguiente es un extracto del mail. no perdamos más tiempo en introducciones...

* En ocasiones, y sobre todo en relación al blog, me he sentido como un viejo amargo que escupe el asado de gente más vital. En realidad no soy el enemigo underground radical del rock popular uruguayo, ni en pedo. Las bandas más populares me gustan o no me gustan, o me gustan a veces y a veces no, en todo caso son gente con la que siempre voy a tener más conceptos y sueños en común que con, pongamos, un experto en marketing. El problema es que en el 2002 prácticamente habían desaparecido todas las inflexiones críticas y el rock parecía haberse vuelto una causa nacional en la que cualquier observación negativa era una suerte de traición, lo que produjo que casi toda la prensa musical se basara esencialmente en elementos cuantificables: cuántos graffitis se ganaban, cuantos teatros de verano se llenaban, cuántos discos de oro se amontonaban... y esa es la lógica del mercado como órgano de evaluación de la calidad. Yo creo que la crítica -sea constructiva o destructiva, sea con la mejor o la peor intención, pero siempre y cuando esté ajustada a un criterio definido- es la única defensa, la única construcción de parámetros independiente del mercado y el marketing, y como tal el medio más inmediato de formación -aunque sea por oposición- del gusto individual y la apreciación profunda de los productos culturales.

* Siempre he creído que la referencialidad específica a lugares o cosas identificables o concretas en lugar de aislar al oyente lo integran más. Yo creo que, pongamos, cuando Darnauchans canta sobre San Gregorio hace su canción mucho más universal que si hablara solo de un balneario y un río anónimos, incluso para los que no tienen la más puta idea de qué es San Gregorio, pero pueden hacer una sustitución concreta con cualquier lugar concreto de sus corazones. Mis canciones están pobladas de las referencias de mis lugares geográficos o emocionales; nunca he tratado de ser uruguayo, pocitense o fernandino en mis canciones, es algo que simplemente no puedo dejar de ser, a menos que imposte, y eso requiere más esfuerzo que simplemente ser lo que sea que uno es.

* Lo que me ha llevado a seguir escribiendo canciones durante todos estos años de moderado respeto y enorme indiferencia es básicamente mi insatisfacción con el panorama musical uruguayo. Yo soy más fan que performer y lo que me llevó desde un principio a hacer canciones como las que hago es el hartazgo de esperar que alguien las hiciera. No es que me crea un gran escritor o compositor. Al contrario, hace poco estaba leyendo la letra de "El tiempo está después" y pensaba en qué hijo de puta brillante que es Cabrera, qué densidad y laburo expresivo en cada frase y cada acorde. Qué generación increíble de músicos la suya. Yo soy totalmente incapaz de hacer algo de semejante riqueza consciente y cuando escucho trabajos suyos o de Lazaroff o Mateo o Mandrake o Roos me dan ganas de quemar la guitarra y dejarme de joder. Pero al mismo tiempo siento que hay áreas, territorios líricos y musicales a los que ellos no fueron o no van y a los que yo puedo ir, a ver qué puedo pescar.

* El equilibrio entre mi trabajo creativo formal y el informal siempre me ha sido bastante complicado, pero en el fondo es bastante lógico que sea así, que tenga que sostener una tensión entre ambos polos, porque tengo una cierta tendencia a lo esquizoide, a la fascinación por los extremos y su eventual conjunción alquímica. Creo que eso se nota mucho en la música de LHM, que pasa de un bola de ruido angular y lleno de odio a una melodía pop y familiar, pero así es también como soy: un día cordial y educadísimo y al otro día mandando a chupar pijas a todo el mundo.

* No estoy hecho para llamar la atención, no me gusta y supongo que es un resabio de mi infancia, ya que fui un niño patológicamente tímido. Pero se ve que la psiquis opera de formas misteriosas, porque al mismo tiempo hace casi veinte años que me las arreglo para ser el frontman de alguna banda de rock. Es como si fuera un buzo... fóbico al agua.

* Los discos de LHM son de lenta entrada; hay que escucharlos varias veces para reconocer las variables y matices de esos discos. El problema es que hoy en día es raro que la gente le dé una segunda oportunidad a una canción. La mayor parte del público solo espera una satisfacción inmediata, fuerte y breve, como un shot de tequila, y nosotros no hacemos eso.

* Recién ahora, más cerca de los 40 que de los 30, entiendo que una parte tan importante como la creativa es la comunicacional, que no importa lo buena que sea esa cosa que hiciste con tanto esfuerzo si la misma no llega a su destinatario, que es difícil que alguien crea en el valor de alguna obra si vos no creés en la misma lo bastante como para difundirla lo más posible. En realidad nunca quise pagar algunos de los costos éticos que implica esa divulgación, pero hoy en día pienso que esa forma de integridad también es una forma de arrogancia al santo pedo.

* Que ahora estemos siendo reconocidos después de tanto tiempo en realidad no tiene mucho misterio: nunca hubo una formación tan buena y creativa de LHM como la actual. Si se tiene en cuenta que la única variable constante en la banda he sido yo, entonces está claro que por donde la banda mejoró fue por donde se renovó.

5 comentarios
actitud buenos aires

Ignacio.Quartino

Amigos Imaginarios

Natalia.Mardero

Bandeja de entrada

gabriel.peveroni

burbujas

daniela.vazquez

Campos magnéticos

gonzalo.deniz

Ciudades que matan

rusky

Columna obrera

yumber.vera rojas

Editorial

carlos.taran

En borrador

mariana.enríquez

En el camino

Por Gabriel Peveroni

En la esquina

leonard.mattioli

Entrevista a Deluxe

gabriel.peveroni

Esa oscura debilidad

mc.morphine

Freeway 2004

Freeway revista 2003

Generación uy

facundo.ponce de león

In situ

lucía.alegro

La rueda mágica

noelia.campo

Letras

andrea.blanqué

Like a virgin

patricia turnes

Mis confesiones

Kira

Morena líquida

marianella.morena

No le temas al arte

javier.abreu

Nueva Generación

teófanis.zitto

On the road

Otros

Pánico Escénico

georgina.torello

Pantallas