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Todas las sociedades, a lo largo y ancho de la glamorosa Historieta del Arte, han destinado espacios y escenarios para la cultura. Desde la cueva de Altamira hasta Auguststrasse, la calle principal de las galerías de arte contemporáneo de Berlín. Nuestra querida aldea montevideana también genera sus propios antros. Seguramente ustedes estén pensando en la Ciudad Vieja, cada vez más vieja, con su Teatro Solís y una larga lista de Centros Culturales. Todos los días nace uno nuevo más pretencioso que el anterior, pero con menos presupuesto para proyectos. Debe incluirse en la lista al surrealista Museo del Carnaval, ubicado atrás del Mercado Del Puerto, al que bien podríamos dedicarle un artículo o por qué no un numero especialísimo. Pero en esta ocasión no me referiré a este tipo de fenómeno tan particular enclavado en la zona más turística de la ciudad. En paralelo a este polo cultural nacen otros espacios, con bastante menos alharaca pero que son los auténticos caldos de cultivo -tipo yogurt con cereales- de la vanguardia criolla del siglo. Estamos hablando del Bulevar Brigadier Choripan (ex calle José Rondeau). Hermosa Postal céntrica con cuchilla incluida, la avenida está dominada por carritos de choripanes-artefactos-prótesis digestivos, con nombres al uso como "Maracaná", "Don Jorgito" y "El Pancho de Pancho". Es necesario identificarlos claramente. Porque estos carritos actúan como verdaderos semáforos culturales. Frente a cada uno de estos se encuentran pequeñas joyitas de la movida del ARTEUY. El punto uno es el ?Maracaná?, el primer carrito, que señala al Teatro Circular. Si bien tiene una larga trayectoria y reconocimiento popular sigue dando que hablar con textos filosos, buenos actores y siempre con nuevas generaciones: travestis incluidos + pancho largo. Otro carrito, ya en la otra cuadra, el "Don Jorgito", informa que se está frente por frente de la colección Engelman Ost. Una exquisita colección de arte contemporáneo uruguayo, con obras que van desde el maestro Hugo Longa y sus mejores discípulos -Fernando López Lage, Gustavo Tabares y Margaret White- hasta los más jóvenes como Sergio Porro y Juan Burgos. En los salones de la Engelman podemos encontrar obras de los dos últimos representantes de Uruguay en la Bienal de Venecia: la fina sugerencia de Lacy Duarte y el siempre comprometido Ernesto Vila. Entrar en la colección es toda una experiencia estética. Son tres pisos de una vieja casona, reciclados de una forma poco ortodoxa. Cada espacio está trabajado y diseñado con sobriedad, dándole la luz necesaria a las diferentes salas. El impecable montaje permite un diálogo sin fisuras. (No menos importante: por suerte, y gracias a Dios, no hay asistentes de sala que te persigan entregándote información y folletos pegajosos, ni recitando el cronograma de eventos próximos. Una verdadera diferencia que deberían imitar otros institutos contemporáneos). Además, y más allá de la colección permanente, se exhiben en la planta inferior muestras de artistas jóvenes -verdaderamente jóvenes-, siempre a la altura y con la calidad de una colección rigurosamente provocadora. Para terminar este tour cultural del Bulevar Choripán, nada mejor que cerrar la jornada bien para arriba, con el swing de Ibiza Disco Pub. La entrada de este espacio está marcada por un tercer carro, ?El Pancho de Pancho?. No hagan muecas ni risitas cómplices... son muchos -y pueden comprobarlo ustedes mismos- los personajes del ICE CREAM contemporáneo que son infaltables a la cita. Ibiza abre de miércoles a domingos y es el lugar por excelencia donde se diagraman temporadas culturales y se realizan pases y tramoyas artísticas, además de los contactos pertinentes que a todos nos importan. Así que ya saben. Mayo, entrado el otoño, es buen momento para un tour de carritos conceptuales por Rondeau. Y bien pegadito a este muestrario, un combo cultural con teatro, lo mejor del arte y cha cha cha.
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