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2008 ha sido un año marcado por algunos eventos con repercusiones globales: la crisis financiera internacional, las elecciones en Estados Unidos o los Juegos Olímpicos en China. Todos estos eventos demuestran claramente el poder de las comunicaciones. Y demuestran también la definitiva realidad de que compartimos un mundo totalmente conectado.
Para ningún lector esto es una novedad. Pero, no dejo de pensar, que si bien es verdad que estamos al tanto del poder de las comunicaciones, no siempre ni necesariamente actuamos en consecuencia.
Sigo creyendo que las puertas del mundo se abren con la llave de la educación, de la cultura. Necesitamos crecer en ese aspecto: manejar por lo menos otros dos idiomas, además del español. Repito: si me preguntan, inglés y portugués, o chino o indio. Pero creo que las próximas generaciones deberían hablar tanto español como inglés y lograr que la computadora fuera un complemento más en nuestra vida diaria. Internet, asimismo, debería ser más obvia para cualquiera de nosotros que el celular o la línea telefónica.
Viajar no es ni tan complicado, ni tan caro. Si se formase un fondo nacional para que todo aquel que quisiera, efectivamente, viajara, yo firmo, yo (en lo que pueda) aporto. Nada más pediría algunos requisitos básicos a aquel viajara: por ejemplo, ser menor de 25 años, tener estudios universitarios y manejar al menos dos idiomas, para que vuelva y comparta.
Estos días he estado pensando que está todo bien con los turistas-amigos, pero que para que los turistas vengan, necesitan razones. Y en Uruguay nos faltan razones para que un turista se sienta atraído a venir. No estaría nada mal pensar que en 2020 Montevideo tuviese un museo Guggenheim (como NYC, Venecia, Berlín o Bilbao), con muestras de corte internacional que sacudan la agenda de la región. Que en el mar y frente a la rambla de Montevideo tengamos una estatua, monumento o elemento que sea increíble. Que anualmente se juegue en el Estadio Centenario una de las copas de fútbol más importantes del mundo u otra cantidad de cosas que se nos ocurren y que podrían ocurrir.
Cuando el Uruguay como país necesita dejar de lado los preconceptos y dejar que el sentido común lo dirija, nuestro presidente veta la ley del aborto. El mismo presidente que no asistió a la última Cumbre Iberoamericana. Asistieron Zapatero, Lula, Cristina Fernández y muchos más, pero Vázquez no. ¿Explicable? Puede ser. ¿Entendible? ¿Compartible? No.
Y ahí va el Uruguay… con galardones de otras épocas, remotas, oscuras, olvidadas. Con doble cinto de seguridad y velocidad crucero de peatón. De cara a un mar que es río y a un río que quiere ser mar. De espaldas a su contenido y tratando de encontrar dónde carajo es que se clava el palo más largo de la cruz del sur. Despeinado y mal vestido. Chico y achicado. Sin un roto para su descocido.
Finalizará el 2008 en breve y aquello de que Uruguay fuese el primer país Wi-Fi del mundo sigue siendo una idea.
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