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Conmemorando el décimo aniversario de lo que se llamó el Â?Pueblicidio de CachatecháÂ?, decidimos dedicar la columna de este mes a las vÃctimas de tan brutales acontecimientos y a sus familiares. El 7 de mayo de 1998 saltaba a la luz lo que fue el mayor escándalo del ambiente avÃcola en Uruguay. Todo empezó con las desapariciones de algunos pobladores del pueblo Cachatechá, en la periferia de la ciudad de Tacuarembó. El primero en desaparecer fue el Sr. Maleza, dueño de la avÃcola Pollones. Las sospechas recayeron unánimemente sobre McCock, hijo de Mr. McRooster, quien al llegar de Gales cambió su apellido bajo circunstancias sospechosas. McCock era el propietario de la avÃcola competidora P, for Pollos, con quien el Sr. Maleza mantenÃa una larga disputa. Todo el pueblo sospechaba quién habÃa sido el responsable de la desaparición, pero no hubo forma de comprobar nada. No habÃa rastro alguno. El Sr. Maleza, simplemente habÃa desaparecido. Los meses siguientes a esta primera desaparición estuvieron marcados por las constantes desapariciones que se fueron sucediendo. Primero, y con algún sentido para la investigación de la policÃa, fue desapareciendo toda la familia de la primera vÃctima. No quedó ninguno. Pero muy pronto el sentimiento de que cualquiera podÃa no llegar ese noche a cenar se podÃa respirar en el pueblo. HabÃa algo ahà afuera que se llevaba la gente para siempre, y como remarcan todos los informes policiales: sin dejar ni el más mÃnimo rastro. El 6 de mayo de 1998, el agente de segunda MartÃnez, quien llevaba un equipo de rastreo adosado a su cuerpo, desapareció. La pista condujo a la policÃa hasta la avÃcola P, for Pollos, pero al llegar Â?apenas 15 minutos después de perder la Â?señal MartÃnezÂ?- no habÃa nada. Se registró cada centÃmetro del lugar, pero no se encontró absolutamente nada, excepto un olor extraño. Fue un veterinario quien resolvió el misterio. No habÃa nada de paranormal, como se sugerÃa en el pueblo, detrás de las desapariciones. Simplemente alimentaban a los pollos con cuerpos humanos, en ocasiones vivos. Â?Los pollos son peor que los rodwailersÂ?, fue el comentario del veterinario de la zona. Â?Son bastante más rápidos que las pirañas, y no dejan nadaÂ?. El empresario McCock, a pesar de enfrentar cargos por cada una de las desapariciones, gracias a un influyente abogado -pago con la fortuna que habÃa amasado en su ascendente negocio- quedó absuelto. Cero pruebas, cero castigo. Por eso, a diez años de los hechos, el llamado a continuar el boicot a P, for Pollos sigue en pie. Â?¡No se olviden de Maleza!Â?, dice la consigna.
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