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Tiempo de ocio - Por Facundo Ponce de León
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Nuestra generación tiene un desafío que antes no existía: conciliar la diversión, el estudio y el trabajo en el mismo aparato. Antes, el contador con su debe y haber, el abogado con sus leyes o el obrero con sus instrumentos, estaban obligados a dejar sus artefactos -libros, calculadoras, herramientas- si querían descansar o relajarse un poco. Hoy estudiamos y trabajamos a través de la computadora.
El Plan Ceibal, que se implementa en Uruguay, educa a los niños para que vivan desde el vamos en esta realidad. El punto es que en la misma computadora que redactamos un escrito y armamos un CV o una presentación laboral, se encuentra nuestra casilla de correos y toda la diversión que posibilita Internet. La obviedad de este punto puede hacernos olvidar su relevancia.
El hecho de que frente a la pantalla podamos chatear, jugar, pensar y trabajar nos obliga a un esfuerzo de autocontrol y disciplina mayor al que se tenía que tener antes, cuando las fronteras entre una cosa y otra eran más claras. Esto implica que debemos ser muy precisos con el empleo del tiempo, porque bien puede pasar que estemos diez horas frente a la computadora y no hacer nada de lo que habíamos planificado hacer en el momento que nos sentamos frente a ella. Si esto pasa una vez no hay problema, pero si se repite con frecuencia, se corre el riesgo de perder el valor más preciado de todos: el tiempo.
La computadora brinda la oportunidad de desarrollar y materializar proyectos propios con menos esfuerzo del que se necesitaba décadas atrás. Y esta coyuntura debemos aprovecharla generacionalmente. A la inmensidad del mar siempre se accede por alguna orilla, del mismo modo que al infinito mundo de posibilidades de comunicación actual tenemos que ingresar por algún lado. Organizar eso es una tarea difícil. Hoy más que nunca existe el peligro de distraerse a cada paso en el camino hacia nuestros objetivos.
La cuestión no es maravillarse de todo lo que podemos hacer con una computadora, sino preguntarnos lo que podríamos hacer con ella pero todavía no lo hacemos; porque no lo sabemos o, lo que es más fascinante, porque a nadie se le ocurrió todavía. Y esto suele ser una tarea de equipo; por algo los inventos que utilizamos diariamente -Google, Youtube, Skype, Facebook- fueron inventados en grupo. Ojo, no me refiero sólo a inventar programas o protocolos, cosa reservada a unos pocos, sino a enfrentarnos al desafío de utilizar el aparato para que genere cosas nuevas, para que vincule cosas que si no fuera por nosotros no se vincularían.
Debemos ser muy cuidadosos. Especialmente tener muy claro los momentos para el ocio, para el trabajo y para el pensamiento. La computadora debe ser para nosotros un continuo preguntarse por las potencialidades que tenemos que desarrollar como país. Eso es esfuerzo. Solo así tiene sentido divertirse.
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