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Llegué a ParÃs con una imagen grabada en la cabeza. La de Jim Morrison muerto en una bañera. Era 1971 y otro más entraba al club de los 27. Y yo estaba ahÃ, mochila al hombro, preparada para estar lo más cerca que podÃa de él. Lista para hacer el recorrido de su último dÃa, que termina en una de las atracciones turÃsticas más populares de la ciudad luz: la tumba de Jim. Pega mal. Escondida atrás de un panteón y cercada con vallas, la tumba está destrozada, hecha añicos, y los intentos de reconstrucción poco a poco van quedando de lado. Nada perdura cuando las demostraciones de cariño se traducen en agresión directa. La solución que encontró el cementerio es enjaular el sepulcro. Ponerlo a resguardo de las groupies. Morrison es el único difunto del cementerio que tiene guardaespaldas. Las firmas, grafittis y el Â?yo estuve aquÃÂ? tienen una mano de pintura por arriba que los tapa a medias. Siempre hay flores, coronas, petacas vacÃas y colillas. También se puede encontrar alguna que otra iluminación de un nuevo aspirante a William Blake. Pero mientras el Pere-Lachaise hace todo lo posible para conservar la última casa de su residente más visitado, en el antiguo barrio de Morrison nadie quiere saber más nada de él. Encontrar su vieja morada no es tarea fácil. Algo extraño, además, sucede en la ciudad donde cada paso se tasa en euros. _Disculpame... ¿sos de por acá? Â?pregunto. _Vivo en esta casa. _Ahà enfrente vivÃa Jim Morrison, ¿no? Â?insisto. _SÃ, pero ni se te ocurra golpear. Te van a sacar a patadas. Lo mismo pasa en el boliche que frecuentaba, ubicado en la vereda opuesta a su apartamento. Sigue siendo un bar, pero las fotos del grupo se descolgaron de las paredes y el olor a sahumerio desapareció. Por supuesto, las reuniones de los doors-manÃacos ya son historia. El barrio entero se puso de acuerdo en echar a Morrison del vecindario, pienso, mientras acomodo mi dedo en el disparador. El preciso lugar en que el Rey Lagarto se hizo mito. Es Val Kilmer el de la imagen en la bañera. El de la pelÃcula. Tengo la piel de gallina. Click.
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