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Aunque llegué tarde al disco The Chronic de Dr. Dre, padre del hip hop y autor en 1992 del gran documento de esta manifestación musical, mientras trataba de ponerme en sintonía con N.W.A., Warren G o Snoop Dogg, descubrí a mediados de los noventa que en Chile no sólo conjuntos de funk como Los Tetas imitaban al calco ese sonido. Escondida detrás de la cordillera había una impresionante y variopinta escena hiphopera.
La irresponsabilidad mediática de la época ?hablo de 1998- colocó a Illya Kuryaki & The Valderramas, Molotov y Plátano Macho como las referencias pioneras del incipiente rap latinoamericano, pero en Santiago, dos lustros antes, apareció De Kiruza: el primer artista de la región -junto con los brasileños Racionais MCs y el puertorriqueño Vico C- abocado realmente al género.
El éxito de Los Tetas, precedido por el aura que irradiaban grupos como Panteras Negras y La Pozze Latina, abrió las puertas a figuras de la talla de Tiro de Gracia, DJ Bitman, Legua York, Hermanos Brothers, CHC y Makiza. Esta última banda me sedujo excesivamente desde que escuché el disco Aerolíneas Makiza en 1999, un trabajo tan exquisito como moderno, que tuvo entre sus principales atractivos a la MC del combinado: Anita Tijoux -invitada en Limón y sal de Julieta Venegas-. Uno de los factores que han influido en la evolución de la movida chilena han sido casos como el de la Tijoux, quien vivió en el exilio -nació en Francia en 1977- y en su regreso al país trajo consigo información de primera mano.
Recuerdo una nota que le hice en Caracas a Tea Time, amigo y otrora MC de Los Tetas -por cierto, de padre uruguayo-, en la que me apuntaba que la cultura hip hop chilena estaba emparentada al sentimiento de marginación que vivían los santiaguinos debido a la inmensidad de la cordillera. Pero cuando estuve en Santiago en 2003 eso me pareció más bien una metáfora.
Sin embargo, la respuesta que buscaba acerca de por qué es tan popular el hip hop en Chile me la dio Jorge González, líder de la legendaria banda Los Prisioneros. ?Es una historia súper rara?, me contaba Jorge. ?Cuando llegaron los milicos al poder, todo lo que sonara a Víctor Heredia era sospechoso. Por eso promovieron la venida de artistas de tanto de R&B como de Tavares, que tocaban en Viña del Mar o en la tele. La cultura de música negra en Santiago es muy fuerte. Earth, Wind & Fire o Commodores son gigantes allá, y eso no pasó en ningún otro país latinoamericano. El hip hop santiaguino es completamente negro, no como el de otros lugares surgido a partir de Beastie Boys o, peor aún, Rage Against the Machine?.
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