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Me llama Hugo. Tiene entradas para el Primavera Sound. Pero estoy en el culo del mundo. Yo te banco, linda. No te confundas, no puedo pagar el viaje. Vos vení que te quieren los que organizan somos sólo amigos. Dejate de joder. ¡Vos vení!.
Barcelona es moderna y elegante gracias a esos hermosos edificios que terminaron con el barroco. Tiene destreza para vestirse y una actitud arrogante, pero no deja de ser una ciudad balnearia, un poco terraja, mal que les pese a los catalanes. La han llenado de propuestas culturales y de diseño, y se agradece, pero el peso del balneario es grande. Como Mar del Plata. O Atlántida. Lugar común: quieren ser París con playa. En unos años lo van a lograr. Pero eso es otro cuento.
Primavera Sound es el festival de música independiente más importante de España. Ciento veinte bandas, de origen anglosajón en su gran mayoría, muestran las nuevas tendencias. Hay otros como el Sonar, que busca los sonidos, imágenes y expresiones de vanguardia, pero se hace el listo. O está el Benicassim, que se proclama indie pero es mainstream. But el Primavera es un festival netamente urbano. En medio de la ciudad, a orillas del mar, sin camping, sin mugre, sin sexo. Sólo música. Como el BUE o el Personal o la Vox Pop, pero bien.
Primera sorpresa: la gente va al festival a? ¡escuchar música! Segunda sorpresa: van muchas chicas a? ¡escuchar música independiente! El público es clase media catalana que consume cultura y turistas que quieren eso y también emborracharse y follar. Los mismos diseñadores, profesionales o escritores que en Buenos Aires lo único que harían es ir a comer a lugares cool que no sean de ?el palermongólico repleto de aspiracionales?, acá disfrutan de la música. Acá la gente disfruta y no dice que ?disfruta? de las experiencias culturales. O eso me hicieron creer.
El festival tiene cinco escenarios y un auditorio. Primera diferencia con el Tercer Mundo: en todos se escucha bien, en ninguno se escucha otro (salvo cuando toca Dinosaur Jr: ¡bajen el volumen muchachos!), en todos se ve bien, en todos hay pantallas para ver de lejos y algo realmente inquietante? todos los artistas salen en horario. Hay cientos de puestos para comer y beber y todo el mundo come y bebe sin perder tiempo, aunque sea horriblemente caro e igual de malo que en los festivales rioplatenses. La excepción de calidad son unos choripanes a seis euros por unidad. Un afano.
Las ciento veinte bandas en programa tienen algo en común: todas tocan bien, todas suenan bien, todas afinan, los cantantes cantan, tienen desarrollo escénico impecable, hacen bien su trabajo en horario y sin quejarse de nada. Se brindan al público y punto. Después vemos si la propuesta artística es buena o mala, sensible o frívola, estúpida o interesante, pero primero es lo primero, todos son excelentes ejecutantes de sus virtudes artísticas y profesionales. El festival esta plagado de bandas indies de segunda línea en sus respectivos países. Hay nuevas y viejas bandas. Gente que nunca había salido de Estados Unidos, o que jamás había tocado para dos mil personas. En el Primavera realmente tocan los independientes más interesantes de todo el mundo (anglosajón). Es un festival sin VIP. No hay gente mirando a ver si la miran. No hay de esto en Barcelona. No hay champagne, no hay modelos, no hay actores de moda, no hay nadie haciendo rostro. Explota la primavera en Barna y no hay culos en las tapas de la revistas. No hay frivolidad; hay consumo cultural y hedonismo, peor o mejor entendido.
Opción uno: ver diez minutos de cada banda durante catorce horas por día de festival, un poco de todo y quedar fulminado por catorce kilómetros de caminata diaria para ver ciento veinte banditas. Opción dos: elegir un escenario y ver sólo nuevas tendencias, o sólo consagrados. Y todas las posiciones intermedias. El debate interior es: ¿ver cosas nuevas y seguir siendo un moderno que descubre las nuevas tendencias, o ver tendencias de hace unos años, esas bandas con las que uno disfrutó cuando las descubrió? Opción Rusky: entrar tarde e irse temprano, ver sólo cuarenta y dos bandas en siete horas de festival durante tres días. Dejar de lado las nuevas tendencias electrónicas y las de baile. No es un festival que se dedique a eso, así que a las dos a casa. En consecuencia: ver completos (salvo que aburran) a los consagrados de mi adolescencia tardía de los noventa. Y en los huecos, a los nuevos que estén cerca. Hay cosas que ver en Barcelona de día, también.
Bueno, basta? me voy a la fiesta de la cerveza. Ah, cierto, las bandas.
Si podés, algún día, deberías ver a los clásicos Devo, Portishead y Malkmus; pero too a Silver Jews, Health, Animal Collective, Caribou, Bob Mould y Menomena. The Cribs (sólo en festivales y con público bardero). Rufus Wainwright y Notwist (sólo en teatros). Pero tus favoritos no nombrados seguro que tocaron bien, es cuestión de gustos. Si querés más, en Youtube está lo que todos pueden ver.
(*) desde Munich
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