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Ejercer una corresponsalía para un medio uruguayo en Buenos Aires suele generarme planteos sobre la verdadera importancia que tiene nuestro país para Argentina.
El otro día, por ejemplo, tuve que cubrir una conferencia sobre una consultora especializada en la industria hotelera de Sudamérica, referida al auge del turismo en Argentina, y en destinos más pequeños como Colombia, Perú y Chile. La exposición tardó alrededor de treinta minutos. Mi objetivo era que el disertante se refiriera a Uruguay, al menos una vez. De hecho, a la consultora también le interesaba que yo estuviera ahí, porque la conferencia estaba dirigida hacia otros países.
Por eso, sentí necesidad de sumarme a la ronda de preguntas y comprobar qué era lo que efectivamente sabía del mercado uruguayo y el lugar del mismo en el concierto hotelero sudamericano. Porque si Colombia, Chile y Perú eran considerados mercados emergentes... ¿qué le quedaba a Uruguay? La respuesta fue una diplomática guitarreada del empresario, que sólo se limitó a decir que el triángulo Colonia-Montevideo-Punta del Este es un atractivo destino para invertir en complejos hoteleros. Nada más.
Este tipo de respuestas, que suelen ser las más comunes, revelan que políticos, famosos o, en este caso, empresarios argentinos, carecen de lazos directos con Uruguay. Sin subestimar al hermano menor, con sus palabras reflejan lo insignificante que somos como mercado, como atractivo turístico, o como país. Son respuestas y actitudes que no discriminan explícitamente a Uruguay. No debemos hacer lecturas simplistas, sino tenerlas presente como parámetro de lo que realmente representa nuestro país para el mundo.
El empresario y la gente que trabaja para él, se preocuparon por que asistieran a la conferencia periodistas de medios extranjeros para que informen lo que están haciendo por el bien del continente. Lo que sucede, la contradicción, es que resulta complicado pensar en un gran boom hotelero en Uruguay, amén del importante desarrollo que tuvo la industria en los últimos años.
Ahora, ¿es inevitable concluir que no existimos? ¿O se puede hacer algo para que no pasemos inadvertidos como país? Casualmente, en esa misma conferencia, surgió un planteo que hizo el subsecretario de turismo argentino, Enrique Meyer (que tiene un cargo similar al de Héctor Lescano en Uruguay), y destacó que Buenos Aires es una de las pocas ciudades del mundo que posee 43 iglesias de distintos credos. Lo que se dice, una ciudad abierta a la integración de culturas y religiones diferentes.
Para finalizar, pregunto: ¿Uruguay, país laico por excelencia, no está en condiciones de promoverse como uno de los países con mayor apertura cultural y religiosa del mundo?
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