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El Diablo extradita gente por falta de espacio y Ángel es uno de ellos. Caminando por la neblina del calor sofocante en las aristas de un infierno rojo como el mar, baja a la tierra a besar el culo del mono donde Dios es la marioneta de los piratas del oro. Sus dueños arman su propio Cielo con armas que cuidan la savia de los poderosos que los alimentan. Ángel pasea mirando la cloaca que han armado fuera de sus jardines inmaculados regados con la sangre que siguen robando.
Ellos son los verdaderos Diablo. El paisaje es desesperante, calles fileteadas por gente mutilada con los tobillos desnudos hinchados y azules del vino rancio que duermen sobre baldosas ásperas y sucias con colchones de cartón corrugado. Dementes sentados hablándole a los gritos a monstruos que no están ahí parados. Bolsas y cajas de basura agujereadas por manos con hambre. Autos enloqueciendo el aire... todo se va degradando... se va acabando. Ángel se sienta y mira a la cámara. Así es su mundo real.
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