|
Sí, debo asumirlo: la vida es circular. Y como se ve que hay cosas que me resisto a aprender, me toca vivir lo mismo varias veces.
Sabía que nunca más lo vería, salvo que fuera a esa fiesta... la misma que nos había unido apenas un año atrás. Sabía también que él podía ser duro conmigo. No me importaba porque yo estaba cubierta. Iría con mi consolador oficial, un chico que hace años comparte la cama conmigo. Uno que tal vez sea bueno de verdad, pero que tiene un único defecto que para esa noche podía ser letal: se emborracha con demasiada facilidad y es capaz de estar con otra mina incluso delante de mis ojos. Contar con él como ?pareja?, para ?dar celos? en una fiesta, no parecía la mejor estrategia.
Por suerte no fue eso lo que pasó.
En realidad no sé muy bien qué pasó y qué no.
Esa noche me sentí apoyada por sus amigos, que una y otra vez me dijeron que no dejara de perseverar. Me alentaron a que insistiera alegando que yo soy muy linda y que él, en el fondo, está enamorado de mí.
Fui entonces a hablar con mi chico. Me confesó que había vuelto con su ex novia, de la que había estado separado por casi dos años.
No sé cómo, pero sé que mi borrachera comenzó a irse de a poquito, lentamente, cuando el amanecer me sorprendió en los brazos de su mejor amigo, uno de esos que me había dicho varias veces que soy muy linda. Como habrán percibido, no recuerdo casi nada de lo que pasó esa noche. Obvio que después me puse a pensar por qué sigo haciendo este tipo de cosas. Recordé que una vez, antes de esta, había hecho eso de estar con el chico del que estaba ?enamorada? mi mejor amiga. El día en que se lo conté a ella me sentí muy mal. El día en que él me dejó, le prometí que nunca más un hombre se interpondría entre nosotras, que ningún hombre podría romper nuestra amistad. Y como los pactos se cumplen, así fue.
Mientras nosotras hacíamos esta especie de ?juramento de amistad eterna?, tuve la sensación de que para los hombres no es tan importante. Y así lo comprobé la noche de la fiesta: tal vez puedan enojarse entre ellos, pero siempre terminarán culpando a la mujer, cosa que el ?amigo mejicaneado? aceptará sin tantos cuestionamientos.
El día después de aquella noche, sin embargo, me deparó una extraña sorpresa. Me llamó mi consolador para preguntarme por qué había estado tan distante con él en la fiesta. Le aclaré que nuestra situación, según entendía completamente clara para los dos, era la de regalarnos noches de placer mientras no hubiera nadie que nos estuviera robando sentimientos de verdad. Él me dijo que no, que para él estábamos saliendo, y entonces ahora, desconsolada porque quien me interesa está con otra, creo que estoy saliendo con alguien que ni me gusta ni me interesa, pero que me quiere...
|
|