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No viene siendo fácil escribir la editorial de este mes. La razón no puedo encontrarla en otro lado que no sea adentro mío. Llegué a Madrid sobre fines de julio. A estudiar. Estoy en un curso de ?Cooperación Internacional para el Desarrollo?, en la Universidad Complutense de Madrid.
No sé qué me pasa. Decidí dejar de vivir en Uruguay en forma voluntaria. Quiero vivir en nuestro país, pero no todavía -como comentamos con un colega de esta revista, a quien aprecio mucho-. Pero resulta que estoy fuera y solo pienso en el país que podríamos ser, el que no somos; en el que queremos ser y también en el que no queremos ser.
Ya nos encontraremos pensando e impulsando políticas de estado; no de gobierno, de estado. Desde la gente y para la gente. A ver, qué digo: ?nosotros, la gente?. ¿Será que me equivoco? ¿Será que no lo queremos ver? En fin, el tren baja desde Zaragoza a Madrid y los suelos se van secando de manera vertiginosa. Alguien me pregunta si es la primera vez que vengo a España... No, no es la primera. Tampoco será la última.
Camino por Madrid buscando donde tomar un café y al mismo tiempo trabajar desde mi computador. Los resultados de la búsqueda son nefastos. Casi no hay restaurantes, pubs, cafés, centros comerciales, museos, librerías, disquerías, o lo que fuese, con conexión wi-fi. Cruzaba a Casa de América cuando me crucé con Ruiz-Gallardón, alcalde de Madrid. Confieso que lo único que me frenó para consultarle dónde poder conectarme fueron los dos guardaespaldas que le acompañaban. Convengamos que España tiene algunos antecedentes que asustan a la hora de abordar a estos personajes públicos. Solo como dato quiero comentar que España recibe por año más de cincuenta millones de turistas... ¿Excusa para Uruguay? Al contrario: ¡una oportunidad! San Francisco ya es una ciudad wi-fi, por un proyecto financiado y potenciado por Google. ¿Existe algún país con estas características? Todavía no. ¿Qué estamos esperando?
* desde Madrid (España)
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