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Si en este mundo en el que vivimos le diéramos más importancia a la danza, alcanzaríamos un grado de civilización superior al conocido. No hablo de la danza solamente como expresión artística elegida por algunos para practicarla y por otros para disfrutarla sentados en las butacas de un teatro. Hablo de la danza como herramienta esencial para el crecimiento personal, tanto espiritual como intelectual. La danza como forma de alcanzar una unión sólida, inquebrantable, con el universo al que pertenecemos.
Pensemos en el origen de cada pueblo, de cada comunidad. ¿Cuáles son los elementos que permiten la creación de lazos, el intercambio, la comunicación, la identificación? El alimento, la música y la danza. Esta tríada es la fórmula fundamental para conectarnos con lo sagrado. Y no hablo de lo sagrado en un sentido religioso solamente, sino como ese lugar al que si llegamos, podemos experimentar, aunque sea por un instante, el entendimiento absoluto.
Lamentablemente nuestra sociedad no lo ve de esa manera. El niño empieza a conocer el cuerpo y sus posibilidades en el escuela para pre-escolares. Descubre cada parte, la mueve, la toca, la identifica con la del compañero. Cuando llega a la escuela primaria, el cuerpo queda olvidado. El niño se sienta en el pupitre y se pone a escribir. Los más afortunados pueden ir a un colegio en el que al menos practican algún deporte, pero en la mayoría de las escuelas públicas aparece el karma de que en nuestro país... ?no hay recursos?. Por otro lado, y no menos importante, es el signo de inmadurez social que hace persistir todavía el prejuicio del varón-bailarín-gay.
Abramos nuestra mente, nuestro espíritu, nuestro cuerpo y bailemos. Bailar da paz, alegría, diversión, amor. Bailar nos descarga, nos relaja, nos comunica, nos sana. Bailar nos hace más felices. Y en un pueblo feliz, la violencia no encuentra lugar.
?Adoro la danza porque siempre he detestado la mentira. En la danza todo es verdadero. En un alto grado de civilización aporta la liberación de las pequeñas cobardías, los temores mórbidos y las bajezas. La danza libera, acrecienta, ennoblece?. Antonia Mercé (bailaora)
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