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FEDERICO VEIROJ: profesión cineasta
y querías saberlo todo/ todo sobre el amor/ y ahora que ya lo sabes/ sabes más sobre el dolor. (fragmento de Todo sobre el amor, de Malpaso)
en busca del primer beso
empiezo la charla con una pregunta tonta. no es que la película sea tonta. todo lo contrario. pero esa libretita que utiliza rafa bregman para anotar lo que se debe hacer o decir frente a una chica se vuelve intrigante. supuse que mi entrevistado, federico ?cote? veiroj, guionista y director de acné, tenía una igual cuando era adolescente. había que desenmascarar el alter-ego. encontrar el posible puente entre rafa y cote. pero no. la respuesta fue negativa. no había mucho por insistir y quedé ?casi- en blanco. una y otra vez volví a pensar en replantear el asunto de la libretita. no es que fuera una idea obsesiva. o sí. pero seguro que fue una de las cosas en que quedé pensando al salir del cine, después de conocer la historia de rafa, ese niño-grande que emprende casi a ciegas sus primeros viajes por el sexo. por el amor. un camino tortuoso que se parece demasiado al de todos. pero que es único. un camino lleno de puertas que hay que abrir. para probarse. para aprender. para vivir. y sorprenderse.
federico veiroj me contó entonces su historia, la del director de cine debutante que cuenta en acné la historia de rafa bregman. una historia en la que tiene un papel central el jovencísimo actor alejandro tocar. pero si me pongo a hablar de eso debería contar cosas de la película... y la pura verdad es que me molesta cuando en una revista cuentan más detalles de los que quiero conocer. entonces lo mejor es que vayan al cine y disfruten de esta película que cuenta cosas a primera vista tontas pero vaya que son trascendentes. como llevar una libretita en el bolsillo de atrás del pantalón. o desear que suceda, lo más urgente posible, el primer beso...
¿Vos también usabas una libretita, como Rafa Bregman en Acné... y la llevabas en el bolsillo del pantalón para anotar tus cosas?
No, no lo hacía... Esa fue una cosa que surgió para el personaje, que venía bien, porque fue una manera de que tuviera un lugar de intimidad.
¿Cuándo definiste que el tema central de tu primera película fuera el despertar sexual de un adolescente varón?
Fue por el año 2000, por ahí, cuando con mi hermano mayor empezamos a escribir una especie de saga que transcurría durante muchos años en la vida de una familia. De ese guión es que sale el personaje de Rafa. Primero agarré un par de escenas, la bar mitzva y cuando el padre lo lleva a tener su primera relación sexual con una prostituta, y armé el corto Bregman, el siguiente. Después vino la idea de la película, en la que me interesaba contar la etapa del despertar amoroso... pero me parecía muy atractivo que el punto de partida fuera al revés de la mayoría de las películas de adolescentes.
Digamos que Rafa tiene sexo en la primera escena...
Exacto. Pero es una relación puramente sexual, sin acceso a un acercamiento más real con una chica. Me interesaba contar eso, y reflexionar sobre el tipo de sensibilidad que debía tener el personaje para conseguir lo que realmente quiere.
Ese concepto de iniciación está presente en otras dos películas producidas por Control Z (25 watts y La perrera). Las tres comparten el hecho de contar historias de adolescentes...
Es posible que haya un nexo... pero lo que sí te puedo decir es que al ser óperas primas las tres películas comparten un sentido de iniciación, que funciona a todo nivel. No es simplemente el hecho de hacer la primera película, también está el hecho de enfrentarse a un montón de cosas por primera vez, incluso esto de estar haciendo entrevistas y de exponerse...
¿Pensás que existe un sello Control Z?
Lo que sucede es que desde antes de que se hicieran todas nuestras películas existía una afinidad compartida con Pablo (Stoll), Juan Pablo (Rebella) y Fernando (Epstein). Ya habíamos entablado una relación y compartido un montón de experiencias en la facultad, en algunos cortos que hicimos en equipo. Pero todo eso de un ?sello? Control Z me parece bien que lo hablen otros, con un cierto distanciamiento que yo no puedo tener. Para mí son películas que me gustan, y que nos sirvieron a nosotros para formarnos. Y listo. Son todas películas en las que trabajé, y que quiero mucho. Pero no es que estemos de acuerdo en todo o que a todos nos guste lo mismo. Hay sí una manera de ver o de sentir el cine que compartimos.
¿Cómo viene siendo tu experiencia en festivales?
Estuve en algunos festivales en los que se habían presentado 25 watts y Whisky, y en los que incluso yo mismo había estado con el corto Bregman, el siguiente. El hecho de que existan películas uruguayas sigue siendo visto como novedad. Esa misma sensación ya la había vivido en 1998, cuando viajé a un festival con Too much diving, un corto que hice cuando viví en Estados Unidos. Para el cine hecho acá es muy importante que exista el circuito de festivales, porque muchas veces es la poca vida que tienen fuera de Uruguay. Son muy pocas las que se llegan a estrenar comercialmente en otros países, como fue el caso de Whisky. Para mí, ahora, el estreno de Acné en Argentina y en España es fundamental.
¿Cuáles son los planes respecto a España?
En teoría la película se estrena este año, en octubre o en noviembre. Pero antes se va a presentar en el festival de San Sebastián, en la sección Horizontes Latinos, que es la mejor ventana posible... Lo que más quiero es que la película se estrene allá. Es difícil porque se estrenan muchas películas y el mercado está muy saturado, pero si bien el tipo de distribución que tendrá Acné va a ser pequeño, estoy muy entusiasmado... porque aparte de todo yo viví seis años en Madrid. Tengo muchos amigos en España.
¿Cuándo viviste en Madrid?
Del 2000 al 2006.
O sea que la escribiste y pre-produciste fuera de Uruguay.
Sí, sí, el guión de Acné lo escribí en Madrid. Que se estrene allá es muy fuerte, porque para mí España es mi segunda casa.
¿Cómo esperás que sea la repercusión del público español respecto a Acné? ¿Ayuda o no una posible mirada de curiosidad hacia lo judío?
Los premios que gané con Bregman, el siguiente, que retrata el mismo mundo judío, que tiene la misma estética, lo que ya hablamos un poco antes, los gané todos en España. Eso ya es relevante. No estoy diciendo que la vayan a mirar como cuando se mira una película iraní o una película china, porque los mundos son bastante cercanos, pero el público que va a ver este tipo de películas es el mismo en todos lados... es el que está buscando algo diferente, una alternativa a las grandes producciones norteamericanas. Y en un país en que no hay judíos, como es España, esa particularidad le da un interés extra que puede ayudar a la película.
¿Sos consciente que esa mirada a la comunidad judía le da un interés extra también en Uruguay, que es el de poder observar sin ningún tipo de barreras a una comunidad que suele ser vista como cerrada?
A mí con eso me pasan varias cosas. Lo primero es que al ser un mundo muy cercano, porque yo mismo soy judío, siento que hay muchas cosas que me parecen muy atractivas de contar, o que por lo menos son curiosas. Pero al mismo tiempo una de las cosas que intenté cuidar es que la película no se convierta en una especie de pintoresquismo judío.
En todo caso lo que estás mostrando es un mundo muy cercano, que conocés muy bien...
Es eso. Pero de todos modos hay una cosa muy importante, que tiene que ver con la sexualidad y el despertar sexual y amoroso, que también es necesario aclarar a fondo. En otros países me han preguntado si es normal que los judíos lleven a sus hijos a tener su primera experiencia sexual con prostitutas. Y sí, es muy normal. Y de hecho es una costumbre que llama la atención, sobre todo en el hemisferio norte, porque no se estila y lo ven como algo muy pintoresco. Sin embargo, es algo que sucede en toda Latinoamérica, de México para abajo, y no solamente en el ambiente judío sino en toda la sociedad. Acá, en Uruguay, la generación de mi padre, los nacidos entre el 1940 y 1950, estaban acostumbrados a tener sexo con prostitutas y todos debutaban de esa manera... porque con las chicas judías no se podía tener sexo. Esa generación, cuando tiene sus hijos adolescentes, ya en los años ochenta o noventa, que es mi caso y el de muchos amigos, se enfrenta a la situación de preguntarse si se sigue o no con la tradición. Y ligando este conflicto a la bar mitzva, y a los trece años, que es el pasaje a la adultez, esa pregunta queda en el aire... Hay casos en que el chico quiere hacer eso realmente y no llega a ser una imposición del padre, pero la pregunta se respira en el ambiente. La diferencia es que ahora es algo a elegir...
Vos también tuviste que pasar ese momento
Claro... y finalmente hice lo que quise. Fui libre. Era normal ir con una prostituta o decir ?no, yo voy a esperar a tener mi primera relación con mi novia?. Ambas cosas eran válidas. Pero había que decidirlo.
En la película se plantea una tercera opción... el sexo en casa, con la empleada doméstica.
Esa es una experiencia que le pasó a alguien cercano a mi entorno. Si bien es algo que se ha visto muchas veces, me pareció que estaba bueno contarlo, porque era parte de una insolencia que me gustaba contar: el arreglo, la situación posterior... me parecía una historia muy atractiva narrativamente hablando. Sobre todo porque la película comienza mostrando el debut sexual de Rafa... con una chica que trabaja en la casa de la familia.
La película está ambientada en los primeros años noventa. ¿La pensaste como el retrato de una generación?
La decisión de la época en que pasa la película fue por un tema estético y también narrativo. Debía ser una época sin celulares y sin chat, porque de otro modo todo hubiera sido muy distinto para el personaje... Pero yo no creo que este pibe represente a su generación. Ni siquiera a los pibes judíos que fueron a determinado colegio. El hecho es que al contar la historia de Bregman y tener que hacer una reconstrucción de época, se tomó como tope el año 1995, por lo que la película puede llegar a ser vista como un retrato generacional. Lo que también es cierto es que al hablar de una sensibilidad adolescente, de sexo, de amor, de familia y de amistad, se está hablando de cosas que nos pasaron a todos, o que algunos lo están viviendo ahora por ser adolescentes.
Y tuviste que buscar, por ejemplo, a un actor adolescente. ¿Cómo diste con Alejandro?
Cuando lo vi en un casting, no dudé... Rafa era él. Lo probé para el personaje y me gustó. Después, ya teniéndolo en el equipo, buscamos a los amigos, y sobre todo a la doméstica, que está interpretada por Verónica Perrotta... En ese primer momento no le di a Alejandro muchas indicaciones de quién era Rafa Bregman, y estuvo bueno, porque ese proceso sirvió para ir construyendo el personaje de a poco. Se trabajó también a nivel de improvisación. Salieron muchas cosas buenas, que de hecho algunas quedaron en la película. Hay algunas escenas con Verónica que surgieron de los ensayos, de la sensibilidad de los dos...
¿Por ejemplo?
La escena que Rafael la mira cuando ella está planchando. Es una especie de recorte de una cosa que surgió en las improvisaciones, en la que habíamos intentado un acercamiento físico entre ellos, para que se fueran conociendo... porque iban a tener que vivir una escena muy cercana. En realidad ahora que cuento todo esto me salteé algunos pasos, porque una de las primeras cosas que hicimos con Alejandro, para estar tranquilos de que todo saliera bien, fue hablar con sus padres y que ellos leyeran el guión a fondo.
El guión incluía varias escenas de sexo... No parece fácil conseguir el sí de un actor de 15 años. ¿Cómo lo lograste?
Tomé el camino directo. Le pregunté directamente si a él le daba vergüenza estar en escenas en las que se lo iba a ver con el torso desnudo, a veces teniendo sexo y otras masturbándose. Todas escenas muy íntimas. Y me dijo que le copaba, que no le iba a dar vergüenza. Entonces, partiendo de esa base, de una complicidad grande, y sabiendo que él era un chico adolescente que estaba viviendo cosas de las cuales la película habla, me apoyé mucho en eso. Fue un trato de igual a igual; él no tuvo pudor en hacer esas escenas, y yo no tuve pudor en pedirle determinadas cosas. El rodaje tuvo momentos muy divertidos. Se dieron situaciones, en algunas escenas, de llegar a dirigir los gemidos de él... fue muy John Waters. Yo quedé muy contento con el trabajo de Alejandro.
¿Cómo sentiste a Alejandro con respecto a las diferencias generacionales entre él y vos? De repente él tuvo una experiencia diferente, seguramente...
Yo a él no le pregunté si había
debutado.
Ni tampoco le pregunté cuánto acercamiento sexual había tenido ni nada. No le pregunté nada de eso porque creía que no aportaba demasiado con el trabajo y no me quería apoyar en nada vivido por él. Pero naturalmente me gustó lo que hizo para la película, cómo encaró... es un pibe que cuando actuó tenía 15 años y ahora va a cumplir 17. Yo qué sé, a esa edad los pibes de hoy ya vieron todo en Internet; él tenía sus herramientas para apoyarse. De hecho yo lo cuidé mucho en el sentido de que en las escenas más íntimas había poca gente en el set y se buscaron climas muy agradables para que él estuviera bien, lo mismo que las chicas que hicieron de partener en esas escenas. Se conocieron antes, tuvieron charlas, hubo ensayos para irse soltando... Él en escena capaz que se excitaba de verdad, porque estaba en una situación en que estaba viviendo cosas de verdad y el contacto lo hacía estar metido en el personaje. Y yo quería eso, quería aprovecharme de que él se sintiese cómodo y diera todo para la película. Y en cuanto a lo generacional, lo que más me aportó es que hablamos mucho de cómo se divierten los pibes de hoy, o al menos los de su entorno; qué hacen, adónde van, todo eso. Trabajando el personaje, se dio cuenta de entrada de que él era muy distinto a Rafa Bregman. En algunas escenas le parecía un pelotudo... así que yo lo hacía enojar en el rodaje diciéndole que se parecía muchísimo al personaje.
Tampoco Alejandro usa libretita en la vida real.
¡No! Es una idea que surgió cuando armamos el personaje... Me gustaba que la libretita oficiara como modo de escape, que allí anotara las cosas más preciadas y que esa fuera la manera de comunicárselas al espectador.
Como su ansiedad por darle un beso a una chica...
Y sí. La película es eso. Es Rafa buscando tener acceso a algo que él está construyendo, algo que él realmente desea, y que no es una imposición de afuera. Lo del primer beso está asociado al amor, pero también a la superación personal en determinadas cosas. Eso es lo que más me gustaba cuando pensé la película. Todo eso lo hace un personaje, por un lado muy torpe, y por otro lado muy directo. Hay alguna escena en que demuestra explícitamente esa contradicción, como cuando va al minimercado y la empleada con la que debutó le niega un beso... En una segunda lectura es también un pedido de Rafa, que está diciendo yo quiero hacerlo a mi manera.
Cote, ¿cómo fue tu primer beso?
Bailando una canción lenta.
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