|
Las mujeres tenemos eso de que las primeras veces que nos acostamos con alguien queremos estar divinas, con un conjunto nuevo de ropa interior, perfumadas y llegado el caso peinadas de peluquería. Nos preocupamos por estar lindas y radiantes y casi ninguno de ellos se da cuenta de todos estos detalles.
Yo estuve fuera de combate muchísimo, demasiado tiempo. Y como cuando ingresé no lo hice de la mejor forma, ni como me hubiera gustado hacerlo, ni tampoco como esperaba que fuera, tenía la esperanza de que la reinserción después de tanto tiempo fuera magistral o por lo menos que me hiciera sentir que la vuelta valió la pena. La noche que lo conocí no había salido preparada para nada, ni para conocerlo ni para ninguna otra cosa. Me encontré de pronto pasándola muy bien, tanto que decidimos dejar aquel sitio para continuar avanzando en otro lado. Yo no podía decir no porque quería decir sí. Porque no soy una niña, porque hay excusas que ya no me sirven y porque tampoco quería inventar la presencia de un ciclo menstrual inexistente. Lo importante era decir la verdad. Era un perfecto desconocido, que me gustaba, y la estaba pasando muy bien. Pero me resistí, porque no me sentía a tono. No me quedaban opciones y entonces se lo dije: ?No podemos porque estoy sin depilarme?. Él se rió. Se rió y me preguntó cómo de cuánto estaba la cosa. Le respondí pero a él pareció no importarle porque continuó insistiendo con seguir avanzando. Pero claro, quedaba otro detalle para nada menor: ¡la bombacha! Recordar la existencia de esa bombacha, su imagen en mi memoria, es un trauma que aún hoy, después de tanto tiempo, no supero. A esta altura supongo que me la puse porque fue la primera opción que encontré y porque mi intención esa noche no era precisamente mostrarla. En ese instante pensé en mi madre, en la cantidad de veces que me repitió que debo andar con ropa interior sobria, y además siempre depilada porque nunca se sabe qué te puede pasar. Por suerte, para mí, él resultó ser un canchero, un fenómeno, un tipo de esos que la tienen súper clara. Ni se quemó, ni tampoco reparó en todo aquello que para mí era un tormento. Es más, volvimos a vernos y aquella vez, la segunda, me dijo: ?Esta vez espero que te hayas depilado!?. Nos reímos juntos. La pesadilla había pasado. Aprendí que los tipos que realmente quieren estar contigo vuelven si la pasaron bien. En la balanza no pesa más si estás depilada o no, aún cuando pueda ser una excusa que nos auto-ponemos para justificar una desaparición que tiene que ver con otra cosa. Quizás cuando ellos solo se preocupan por la depilación, o la ropa interior, seguramente no van a volver, porque la cosa va por ese camino... superficial.
|
|