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Pasé todos estos años convencida de que los hombres tienen un don que les permite distinguir, a primera vista, a una mujer con la que desean pasar solo una noche ?o tal vez solo unas horas de esa noche- de la que quieren para compartir el resto de sus vidas. Si en una conversación surgía el tema, siempre admiré esa especie de virtud que les permitía capturar a las presas sin equivocarse de objetivo.
Hoy quiero decir que las mujeres también tenemos ese don. Quizás nos cueste más despertarlo y llevarlo a la práctica, pero lo cierto es que también lo llevamos con nosotras.
El primer problema que se me presenta es el siguiente: ¿el objeto de nuestro deseo es capaz de percibir el objetivo para que lo estamos deseando? Lo pregunto porque la primera vez que lo vi a Él, solo pude pensar en casamiento. Tengo la estúpida sensación de que no puedo dejar de mirarlo, pero que además, como él se da cuenta de que lo miro constantemente, me parece que él también me mira, pero no como yo. Siento que lo miro con cara de paloma, que él puede percibir corazoncitos que salen cual nubes de pensamientos de mi cabeza. Y lo peor de todo es que no solamente con Él tengo esa sensación.
Hace unos meses me encontré sorpresivamente con otro Él. En ese instante sentí que el mundo se detenía, que él y yo éramos envueltos por un universo mágico y que otra vez Él podía ver corazoncitos saliendo de mi cabeza. En ese momento no solo me preocupó que pudiera darse cuenta de ese detalle, sino que otras personas también lo percibieran. La sensación era de estar flotando en el aire.
De todas formas no se qué es peor, si la patética imagen de mí misma envuelta en una nube de corazones o la depravación que emana de mis ojos cuando apareció en escena un tercer Él, con quien descubrí que nosotras ?precisamente- también podemos distinguir claramente entre un hombre para ?casarnos? y un hombre para ?acostarnos?. Él me encanta cuando habla, cuando lo veo moverse. No es lindo, objetivamente no lo es, pero su pinta de rebelde y desestructurado me puede. En realidad, y para ser sincera conmigo misma, lo que más me puede es su pantalón, son las rayitas de su pantalón, mirarle fijamente el cierre de su pantalón para tratar de adivinar qué esconde allí abajo (en cuanto a destreza, tamaño, dimensiones). Y entonces trato de que no se dé cuenta, pero tengo la impresión de que así como los otros perciben mis corazones, Él también percibe mi deseo.
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