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Una de las tareas más difíciles de la vida en comunidad es distinguir lo que son hechos de lo que son opiniones. Cuando alguien dice ?la historia de la humanidad la escriben los vencedores?, ¿está dando su opinión o nos informa de un dato de la realidad? Responder a ello es más difícil de lo que se piensa. La historia la escribieron los varones, pero este hecho, cuando uno empieza a hurgar en alguna época, se da cuenta de que es más polémico de lo que parece.
Verónica Franco nació en Valencia en 1546, en pleno auge del Renacimiento Italiano. Era una cortesana de mucho dinero y creó el primer hospicio para prostitutas retiradas que se realizó en la historia. Además de ello, escribía poemas, algo que se suponía que era tarea reservada a los hombres. Lo mismo pasa en la ciencia y en la política: hay a lo largo de la historia, escondidas entre libros que están a su vez escondidos, historias de mujeres que hicieron historia. Aspasia de Mileto, Hildegarda de Bingen, Teresa de Jesús, Loie Fuller, Marie Curie, Raquel Meller, Susan B. Anthony, María Bashkirtseff, Clara Campoamor, y muchas más. Pero claro, igual son pocas. Una vez que adquirimos conciencia del machismo imperante en Occidente, una vez que nos percatamos que lo que las mujeres han hecho es una lucha invisible contra el patriarcado, lo que sucede es que queremos acelerar la historia, reparar el daño de ayer y evitar el que pueda venir mañana. Por ello es que en algunos países y desde el mes pasado también en Uruguay, se establecen leyes como las cuotas de representación femenina en el parlamento. A partir de ahora, uno de cada tres candidatos electorales deberá ser mujer y evitaremos así repetir el error machista.
No me considero capaz de evaluar la ley, de decir si es buena o mala, si promueve o coarta la libertad pública. Está claro que las mujeres tienen dificultades para percibir buenos salarios, ascender en las jerarquías laborales, hacer carrera política y conciliar todo ello con la vida privada. No tengo claro si la ley ayudará efectivamente a paliar todas estas cuestiones. Lo que quisiera es detenerme en un aspecto futuro, que quizás no pertenezca a nuestra generación sino a la siguiente, o a la otra. Me refiero al tema de la identidad, del que ya conversamos más de una vez aquí y vuelve a aparecer ahora. ¿Qué es lo que nos define como personas? ¿Somos lo que somos o lo que hacemos?
En este número dedicado a las mujeres, el objetivo es paradójicamente avanzar hasta que julia no importe. Movernos en una dirección donde se valoren nuestras acciones más allá del género, la raza y la inclinación sexual. Cuando lleguemos a ello recién podremos hablar de libertad. Falta mucho y es difícil, pero todos los que han conseguido algo en la historia (y las mujeres son prueba fehaciente de esto) empezaron por soñar un imposible.
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