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En las próximas semanas se estrenará la versión fílmica de Sex and the city. Posiblemente lo haga en demasiadas salas y la concurrencia sea masiva. Sobre todo la femenina. Lo cual es algo realmente malo. Cada vez que me acuerdo de esa serie pienso en Patti y Zelma, las dos hermanas de Marge en Los Simpsons. En esa escena en la cual las dos, solas y frente a un televisor, miran esa serie y se dicen: ?Esto es como nuestra vida?. Lo cual es tan gracioso como triste.
Desde hace un rato largo, la categoría ?cine femenino? , se ha reducido a unas películas que más que hechas por y para mujeres parecen haber sido facturadas por su más directo enemigo. O sea, por hombres machistas y misóginos que asumen ?lo que ellas quieren?. Y eso, aparentemente, significa films horrendos y cursis sobre mujeres desesperadas por casarse y tener hijos. O, en el caso de que se trate de ?mujeres queriendo avanzar en el trabajo?, parecen estar más enfocadas en ?parecer profesionales? que en serlo. El caso se agrava cuando se trata de ?vengarse del sexo opuesto?. Ahí la búsqueda de afirmación no apela a tomar el lugar que naturalmente corresponde, sino más bien incluye resentimiento y, nuevamente, pose condensada. Pero no siempre fue y es así... en la historia del cine.
FEMINISMO CLÁSICO Los films del período clásico, sobre todo las screwball comedies, mostraban a mujeres inteligentes, graciosas y sumamente enérgicas, que estaban a la altura de cualquier hombre y que no tenían muchas contemplaciones a la hora de afilados intercambios verbales o, directamente, pesados pasteles en la cara de sus oponentes.
El ejemplo más claro de un cineasta masculino increíblemente feminista es Howard Hawks. En todos sus films las mujeres están en el mismo nivel de los hombres, tanto profesional como emocionalmente, sin que nadie diga una sola palabra, sin que se trate de una imposición. Si hay un equivalente contemporáneo de esas comedias y de esa moral, no está en los horrores de Nancy Meyer (la ya nombrada Lo que ellas quieren o Alguien tiene que ceder), sino más bien películas como las de Penny Marshall (Un equipo muy especial) o, más drásticamente, en Legalmente rubia o Dulces y peligrosas. Aquí vemos, no sólo un humor absolutamente caricaturesco y violento -es decir, nada cercano a lo que se debería considerar ?humor femenino?-, sino que además, los hombres, en su mayoría, son bastante tarados, y aquellos que son inteligentes tienen el aplomo necesario para dejarlas en paz y sólo ayudarlas cuando ellas lo piden.
MIRADA DE MUJER Directoras como Vera Chytilova y Jane Campion juegan con perspectivas absurdas en sus encuadres, y Doris Dorrie tiene un cariño bastante grande por los colores saturados. Pero, en ese sentido, tan reducido, estaríamos hablando de films con estética retorcida y no de un estilo cinético femenino y/o feminista.
Supongo que ese enrarecimiento estético -al cual también apuntan los films de Lucrecia Martel-, tiene que ver con la puesta a punto de una visión. O, mejor dicho, en cómo se traduce una supuesta mirada femenina en el cine. Si esa mirada es tomada en cuenta como desviada, seguramente sea porque proviene de años de negación. Como las niñas de La manzana (ópera prima de Samira Majhmalbaf), que apenas podían hablar o comunicarse, las cineastas mujeres tienen que, de una forma u otra, apelar a miradas no aceptadas, y por lo tanto enrarecidas.
Este razonamiento me lleva a un cineasta muy particular, Mitchell Lichenstein, autor de Teeth, una pequeña obra maestra. Usando el género del terror, se saca de encima sus convenciones, trasciende su género y vuelve a su película un tratado sobre la condición femenina.
En Teeth, vemos cómo la protagonista pasa de abogar por el celibato y la represión sexual más pura, a tener conciencia de su atractivo femenino y el estrago que ello produce en hombres libidinosos e idiotas. Que esa conciencia esté ligada a la de saberse un monstruo -su vagina está dentada, es decir, muerde-, la espanta -sobre todo de sí misma- y la encierra más. Es un personaje sumamente trágico. A medida que la película avanza, Dawn -la protagonista, encarnada por Jess Weixler- empieza a percatarse que su condición es controlable; es decir, que puede usar su sexualidad para su bien y provecho. Y la termina usando como arma frente a un mundo que la pone en un rol de objeto sexual pasivo.
Teeth es la película más feminista, y al mismo tiempo más inteligente y crítica que he visto. Y fue escrita y dirigida por un hombre. No hay noticias de que se estrene acá. Por el momento, se pueden conseguir copias truchas en la feria. Y si no la consiguen, manden un mail a Freeway y les intento hacer una copia. Es una pequeña forma de seguir luchando por el feminismo. Porque no se engañen, el hecho es que las cosas no mejoraron demasiado, sino que más bien retrocedieron. Y ahí están Sex and the city, Marcelo Tinelli y Mr. Músculo para confirmarlo.
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