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El desamor nunca encontró consuelo en la voz de La Lupe. Dentro de una dialéctica compleja, se inmoló una y otra vez en nombre de la querencia. A pesar de que el dolor es una constante temática que la aúna con el frenesí de Violeta Parra y Chavela Vargas, la sazón del melodrama caribeño permite la congruencia de la tragedia y la festividad en el mismo limbo. La cantante cubana conocía la receta y sus condimentos. La rabia, el desenfreno y la astucia se transformaron en su marca registrada, así como su tonada malandra, vejatoria y ronca. Sin embargo, durante muchos años los entendidos de la música afrocaribeña con sede en Nueva York y el Caribe hispano ofrecieron resistencia a su estilo, aunque la juventud y el suburbio lo avalaron desde su debut. Sus canciones se tornaron en himnos para la comunidad gay hispanoparlante. Se le ha comparado con Janis Joplin, pero tal analogía es absolutamente inoperante. No hubo ni hay nadie parecido a La Lupe.
Poco tiempo después de que la Revolución comandada por Fidel, el Che y Camilo entrara a La Habana, Guadalupe Victoria Yoli Raymond se fue con su irreverencia a otro lado. En 1962 tomó sus maletas y viajó a Nueva York, haciendo una parada previa en México. Una vez en la Gran Manzana, el percusionista Mongo Santamaría le propuso grabar un disco. Se unió al sello Tico e inició una racha de producciones junto a Tito Puente. En 1965, la dupla se presentó con el tema ?Qué te pedí?, que la ubicó en el estrellato. Llamada ?La Reina de la Salsa?, fue vetada más tarde por el emporio salsero y reemplazada por Celia Cruz. Y es que en esa época la música latina sugería a sus chicas que explotaran sólo en su performance. Su vida fuera de los escenarios debía ser privada y recatada, pero ella violó el código. Después de una cadena de desdichas personales, sobrevino su ruina absoluta. Cuando colgaba una cortina, se cayó y quedó paralizada. Su departamento se incendió, mendigó y pasó a un albergue de desamparados. En 1986 el Estado de Nueva York le dio un departamento y financió la operación que le permitió caminar nuevamente. La novela acabó el 28 de febrero de 1992: La Lupe tenía 52 años.
Pedro Almodóvar, quien usó el bolero ?Puro teatro? en Mujeres al borde de un ataque de nervios, pensó hacer un largometraje basado en su vida. Pero vaciló: ?Su historia es tan dramática que no me imagino que exista una actriz capaz de encarnarla?, dijo. Esa hembra morena que llevaba el Diablo por dentro y que oraba por descarnarse del amor mal parido en cada canción, tiene su calle en el Bronx: La Lupe Way. Por ahí cerca, todavía se escucha ese dolor y ese gemido, esa voltereta lírica que alzaba su guardia con el ?ahí na má? y el ?ay yi yi yi?.
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