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Ella mide 1.55 y pesa alrededor de 75 kilos. No sé cuánto de cintura y cadera, pero seguro que si la abrazo no puedo juntar mis manos atrás de su espalda. Ojos verdes, pelo rojo y bronceado mortuorio. Piel que lleva décadas adiestrada a tomar lluvia. Viste musculosa blanca, minifalda del tamaño de un cinturón y sandalias de punta abierta cuyo valor radica en su potencial para impedir el torrente sanguíneo, en una escala cromática que va del dedo azul al violáceo. Fue vista por última vez en un estado etílico apreciable, intentando reconstruir la capa diez del revoque dibujado en la mañana: en la capital del chubasco, esclavitud significa conservar la mascarita.
Si la ve no se alborote. Si es hombre dé un paso adelante: el alcohol siempre amansa la fiera. Si es mujer no se agrande. La estampa de la common girl irlandesa la hará sentirse la líder de las porristas, pero su parecido con el frigobar la convierte automáticamente en un elemento de deseo masculino: cuadrada, blanca, petisa y llena de cerveza en su interior... ¡Bingo!
En el país verde lo que es moda no incomoda. Cualquier cosa, si es lo último sirve, y poco papel juega el espejo cuando nadie corre el riesgo de que en la calle lo califiquen de ridículo o le aconsejen aflojar con los ravioles. El taponcito dublinés se ha ocupado día tras día de cuestionar no solo mi concepto de belleza sino también el de tolerancia: todavía no entendí si llegué al país de los bufones o vengo del que tiene más prejuicios estéticos. No quiero ni pensar la de blasfemias que escucharía por 18 si un día de estos se me da, imitando a una irlandesa, por salir a pasearme con un tutú de bailarina... que me den la dirección del Solís confirmado que es lo más tenue.
Y no hay ley de talles que valga. El culto a la flacura extrema existe pero se encara diferente, tanto en la tienda, donde se pueden encontrar remeras con la inscripción ?por favor, no alimente a la modelo?, bajo el mismo diseño que el cartel de la plaza pide que no se le dé comida a las palomas. En la revista del supermercado está Posh Spice en la portada mostrando los resultados de su nueva dieta o la mujer de Ashley Cole llevando un jean un talle menos que el de la semana pasada, pero los títulos aluden a la pérdida de peso haciendo comentarios maliciosos que las tildan de obsesivas, drogonas o cornudas.
Claro está que en temas de fama, estas cosas suelen ser más penal a favor que tarjeta roja. Mujer, si tiene problemas de peso, libérese. Mastique bien esa hamburguesa, compre un pasaje a Irlanda... y aterrice en el país de Alicia.
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