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Hubo una época en la que me obsesioné con la lectura de biografías sobre mujeres. Mis favoritas eran las de artistas que tuvieron un final trágico (suicidio, asesinato, psiquiátrico, ese tipo de finales). Un día mi madre me regaló un libro titulado Peregrinaciones de una paria, que reúne el pensamiento de Flora Tristán. Fue la abuela de Gauguin, dijo mi madre. Pero hizo cosas mucho más importantes que él. Lo primero que me pregunté al empezar la lectura fue por qué no estaba el pensamiento de esta mujer en los programas de Historia de Secundaria. ¿Cuántas mujeres más faltarán?
Flora Tristán fue una de las precursoras del feminismo moderno y una incansable luchadora social. Uno de sus principales objetivos fue hacer entender a la sociedad de su época que todos los seres humanos nacen libres, iguales y con los mismos derechos. Luchó también por abolir la pena de muerte y reestablecer el divorcio.
Seguramente por su condición de mujer se le adjudicó a Carlos Marx y no a ella la idea de que sólo a través de una gran unión de los trabajadores de todo el mundo se lograría la fuerza necesaria para inaugurar una nueva era de justicia e igualdad. Este pensamiento aparece en su publicación La unión obrera, en 1843, mientras que El Manifiesto Comunista data de 1848.
Había nacido en París, en 1803. Su padre era peruano y coronel del ejército español; su madre una aristócrata francesa. Cuando su padre muere, como la unión no era legítima, ella -que tenía 4 años- y su madre quedan en la calle. Tuvo que empezar a trabajar siendo una niña, hasta que la casaron por conveniencia -a los 17 años- con un hombre rico pero mucho mayor que ella. Flora tuvo que soportar malos tratos y, además, tener tres hijos con alguien a quien detestaba.
A los 22 huyó de la casa de su marido y se embarcó en un viaje hacia Perú con el fin de reclamar a la familia de su padre los bienes que le correspondían. Su tío se negó a compartir la fortuna, pero esta experiencia la hizo encontrarse con un tipo de mujer diferente a la europea. La mujer latinoamericana gozaba entonces de una mayor libertad y autonomía. Flora vuelve a París revitalizada y se convierte en una tenaz activista por los derechos de la mujer.
Esta mujer vivió hace dos siglos. Sin embargo, hoy, doscientos años después, todavía las mujeres necesitamos que exista un día en el que le recordemos al mundo los derechos que tenemos y los que aún merecemos.
Tampoco hemos logrado aún que todos los miembros de una sociedad gocen de una vida digna. Si me pregunto cuál es la razón, respondo con un pensamiento de Flora Tristán: "El embrutecimiento de un pueblo hace nacer la inmoralidad en las clases altas, y esta inmoralidad se propaga y llega, con toda la prepotencia lograda durante su carrera, a los últimos peldaños de la jerarquía social".
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