Freeway | Modelo para armar
miércoles
22.02
Modelo para armar
Por Gabriel Peveroni
 25.01.2012 
     
Modelo para armar
ana paula nació hace veintitrés años en cardona y vivió su infancia en egaña, un pueblo que no llega a los mil habitantes y está a tres kilómetros de la carretera. tenía cinco cuando se vino con su familia al cerrito de la victoria. entre los nueve y los doce volvieron al pueblo, tiempo que recuerda feliz y luminoso. ella le enseñaba a sus amigas coreografías de los backstreet boys que había aprendido en la capital. ella quería bailar, divertirse, y unos años después decidió que quería ser modelo, pero eso fue en su segunda vuelta a montevideo, cuando empezaron a pasar ciertas cosas, cuando su vida se empezó a acelerar y sucedieron otras tantas historias que dejaron de ser fantasías... las primeras producciones de fotos, los primeros desfiles, los primeros viajes. buenos aires, roma, milán, berlín y otros tantos destinos. ana paula dice que lleva la marca de su madre, de una educación basada en la responsabilidad, el respeto, la dedicación y el trabajo. a los dieciséis se fue a vivir sola, y un tiempo después en pareja con su marido. él es productor de comunicación, ella modelo. viven en una esquina del barrio parque rodó, muy cerca del callejón del street art. entre tantas vueltas se puso al frente de un proyecto editorial de moda.




_ ¿Cuánto te cambió la vida empezar a trabajar siendo adolescente?
_ Fue un cambio fuerte, muy fuerte, porque pasé de ser una adolescente de catorce años, que tenía una vida común con mis amigas del barrio, a tener plata como para invitarlas a comer. Me sentía millonaria... Le podía regalar ropa a mi hermana. Podíamos ir a bailar y comprarnos tragos, cosas a las que habitualmente una adolescente no accede. Se me abrieron muchas puertas. Podría haber terminado en cualquiera, pero no fue así porque tengo buena base. Por ahí, una niña de catorce años que entra a boliches para mayores de veintiuno, que puede viajar… por ahí empieza a ver y acceder a cosas que no accederías nunca.
_ ¿A qué tipo de cosas te referís?
_ Mirá, en 2007, cuando fui a Milán, terminé bailando con los Dolce Gabbana en una vip... ¡y pensar que cuando era chica los adoraba! Y estaba ahí, con ellos. Es difícil no marearse, a decir verdad... hay que tener los valores bien plantados, saber qué cosas hacer, saber por qué y para qué estás ahí. Yo tenía compañeras que tenían catorce y andaban con tipos de cuarenta, pero claro, es entendible, llegaban a Milán, iban a comer a lugares finos, entraban en todas las discos y conciertos totalmente gratis. Todos tus amigos empiezan a ser los PR, que por lo general son modelos y siempre son muy simpáticos. Ellos también están en la misma situación que una y cobran por llenar mesas de chicas y chicos modelos. A mí me divertía salir y los PR por lo general eran brasileños y casi todas mis amigas también. Pero la verdad es que siempre fui muy consciente de todo y esas cosas no me deslumbraban, porque por ahí disfrutaba más al pasarme la tarde entera en el parque tomando sol.
_ ¿Hiciste buenas amigas?
_ Se dio el caso de que mi “mejor amiga” de estadía fuera una multimillonaria israelí que andaba con anillos de 20.000 dólares, que en su país tenía auto blindado y solo salía de su casa con dos hombres armados que la acompañaban a todos lados. En Milán vivíamos seis o siete chicas en un departamento, que pasaban a ocupar el lugar de una familia, como un Gran Hermano. Es un ambiente complicado, pero no más que cualquier otro... el ambiente de la moda es igual al de una fábrica, al de cualquier trabajo. Cuando estás muy metido en un círculo, sea cual sea, pasa lo mismo. También mi realidad, valores y códigos eran diferentes a los de muchas chicas. Que no quiere decir que sean mejores ni peores, simplemente distintos.
_ ¿De dónde vienen esos valores que mencionás?
_ Mi mamá nos enseñó, a mi hermana y a mí, a ser respetuosas, educadas, eso es clave… Yo vengo de un pueblo de mil habitantes, y de niña viví en el Cerrito de la Victoria. Todas las cosas que hice las disfruté siempre y mucho. No soy una persona competitiva. Creo que todos somos únicos y tenemos algo que nos destaca del resto. Soy bastante solitaria, y eso me viene del campo. Tengo amigos, pero disfruto mucho de la soledad, de estar conmigo y de estar entre mis cosas. Siempre fui muy distraída y colgada, disfruto todo. Nunca tuve la necesidad de caer bien.
_ Pero de alguna manera en el hecho de trabajar de modelo está presente la “necesidad de caer bien”... no siempre salen bien las cosas en los castings, en los desfiles.
_ Hubo momentos muy duros. Y el hecho de perder, en este tipo de trabajo, que estás compitiendo por belleza, te tira mucho para abajo. La autoestima te baja si no sos consciente de que en realidad no te están juzgando ni por linda, ni por buena persona, ni nada. Simplemente el productor tiene una idea que quiere transmitir y necesita “un personaje” que lo interprete bien, o que le cierre la idea. En el comienzo de mi carrera tuve un par de años muy quietos. Me presentaba a certámenes y no ganaba. No quedaba en los castings. Hasta que a los quince, me contrataron de Spy para hacer una campaña, y cuando me vio Rosarito San Juan, le gusté y me empezó a contratar. Fui a Argentina, a Chile, a Perú, a Brasil. Y después salió lo de Italia que te contaba recién, y también Alemania. Volví. Y mi carrera de modelo bajó un poco. Nuestro mercado es muy pequeño en todos los aspectos y básicamente es porque somos tres millones de habitantes. Pasa mucho que cuando te descubren usan o abusan de tu imagen y al poco tiempo, con solo un par de campañas hechas, pasás a estar “quemada” y es natural. Por eso hay que buscar otras alternativas.
_ Como que hay tomar decisiones rápidas...
_ Sí, hay que estar atenta porque todo pasa muy rápido. Buenos Aires me da mucho; siempre que voy hago tres, cuatro castings, y al menos pego uno. No me puedo quejar. Pero siempre tuve ganas de hacer otra cosa. Siempre me gustó la moda, pero no sabía para qué lado enfocarme, si me gustaba el vestuario, si me gustaba diseñar, dibujar… Me gustaba la totalidad, pero no sabía cuál de las ramas, para dónde ir. Hasta que empecé la codirección de una revista de moda, que ya no hago más, pero que me abrió muchísimas puertas. Crecí muchísimo como persona y profesional.
_ ¿En qué proyectos estás después de la experiencia de estar al frente de la revista Icona?
_ Hoy en día estoy trabajando para varias editoriales locales, y también me invitaron a formar parte de la producción de la pasada MoWeek. Realmente fue un honor formar parte de ese monstruo; fueron meses de trabajo intenso para ejecutarlo en un fin de semana. Estoy eternamente agradecida con Rosarito porque la verdad es que me ayudó mucho a nivel profesional. En este momento, con tres obreras más, estamos en un proyecto colectivo llamado Tula.com.uy. Arrancamos juntas en el plan editorial, y aplicando todos nuestros conocimientos finalmente somos una productora de contenidos especializados en moda. Nos divertimos mucho trabajando juntas. Hicimos una producción con Patricia Fierro para Sábado Show y ella realmente salió preciosa. Con Paty Wolf, para revista Gente, pasó algo muy parecido. Y el hecho de que me llamen colegas para que las produzca y dejen su imagen en mis manos es mucha responsabilidad, me siento muy agradecida por las oportunidades increíbles que se me presentaron este año.
_ Entre tus obsesiones estéticas, hay una muy particular... por el imaginario coreano. ¿Cómo aparece esa referencia en tu vida?
_ Empecé mi fanatismo con las películas de Hayao Miyazaki, de Studio Ghibli, un director de cine japonés muy conocido. Yo me crié viendo Disney, y la verdad es que Disney tiene eso de que te pinta un panorama increíble y después te pincha el globo: a Bambi le matan la madre, el Rey León se muere de una forma horrible. Siempre te están metiendo el dedo en la llaga. Y la verdad es que cuando vi las películas de Miyazaki sentí que le puedo entregar el corazón y me lo va a devolver en buen estado. Eso lo dijo una vez El Porno, mi cuñado, y es así. Las películas son divinas, mágicas. Y ta, fanática de él, fanática del pop japonés, hace un par de años mi esposo me mostró a una boy band coreana y ahí arrancó mi curiosidad por este fenómeno. A esta altura miro series, programas, estudio el idioma y profundizo en la cultura coreana. Si abrís mi heladera te sorprenderías de verla llena de comida, juguitos, helados y cosillas asiáticas. Mucho de lo que consumo es coreano. En Montevideo hay dos locales a los que me encanta ir porque además de comprar cosas divinas aprovecho a practicar el idioma. Uno se llama Bonita Bonita y queda en 8 de Octubre y Comercio, y el otro -mi favorito- se llama Frottis y queda en Justicia y Amézaga.
_ ¿Por qué pensás que te enamoraste de una cultura tan lejana? ¿Querías escapar de nuestra identidad?
_ Creo que lo que más me gusta de la cultura coreana es el respeto que tienen por los demás, la honestidad, la sinceridad. Es mi forma de ser, me siento muy identificada con esa cultura. Ellos son como el hermanito chiquito de Japón, que empezó a crecer y crecer. A nivel tecnológico son muy grosos, y en diseño también. Es el karma de las antípodas. ¿Sabías que Corea está en las antípodas de Uruguay?
_ No sabía. ¿Exactas?
_ Exactas. Si vos hacés un pozo en Montevideo, salís en Corea del Sur. Esto de las antípodas inspiró a dos artistas surcoreanos para realizar el proyecto El ojo del mundo. Como parte de esa obra, en la Intendencia pusieron cámaras que filman el cielo uruguayo y esas imágenes se proyectan en Corea del Sur.
_ De pueblo Egaña a Corea... todo un viaje.
_ ¡Sí! Los momentos más lindos de mi infancia los viví en ese pueblo. Tuve una infancia increíble. Íbamos al arroyo con mi hermana, con amigos. En la escuela teníamos una huerta. Almorzábamos todos juntos. Hacíamos cometas, teníamos actividades. Tengo recuerdos increíbles. Me ayudó a cargarme de luz, como quien dice. Yo viví en dos casas: una enfrente a la placita, donde pasaba todo el día jugando con mis muñecas y mis cosas, haciendo cosas de barro, escuchando música, haciendo comiditas con mi hermana; después viví frente a un campo, frente a una plantación de girasol. Es un paisaje soñado, muy inspirador.
_ ¿Qué pasa por tu cabeza cuando modelás?
_ Pienso que estoy trabajando… O sea, la vida de la modelo es una espera continua; vas a un casting y tenés que esperar a que te llamen. Cuando llegás a la citación de un trabajo tenés que estar ocho horas de backstage para hacer pasadas de veinte segundos. Así es este trabajo y trato de ser profesional. Ahora ya no me pongo nerviosa. Sé que mi función es mostrar el producto, y tratar de que luzca de la mejor manera... soy una percha que tiene que mostrar y nada más.
_ ¿No te molesta sentirte un objeto?
_ No, así es este trabajo, no se trata de algo personal. La modelo de pasarela es una percha y creo que lo mejor que puedo hacer es asumir y tratar de aprender, y hacerlo bien.
_ ¿Te condiciona el cuidado estricto de la alimentación?
_ Según mi cuñada, tengo el gen de modelo. La verdad es que yo como cualquier cosa, no me cuido mucho. De todas formas estoy optando por los alimentos crudos raw food, me preparo leche de almendras y galletas que se cocinan al sol. Nuestro cuerpo es nuestro único envase, y si no nos cuidamos nosotros, estamos en el horno...

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