|
 |
|
|
|
Escribo estas líneas con la sensación de que el año que acaba de terminar fue de esos que quedan con saldo positivo. No fue fácil, porque para salir del círculo de experiencias repetitivas y resultados predecibles tuve que sortear las trampas de diciembre, un mes que siempre ha sido, para mí, la época del año donde reaparecen fantasmas que se cuelgan del presente para desestabilizarlo, tal como los chirimbolos lo hacen del arbolito navideño.
El primero en hacerse presente fue N. Me había invitado a salir muchas veces en el año pero siempre le dije que “no”, hasta que elegí decirle que “sí”. Quería saber qué me pasaba con él, cómo reaccionaba mi cuerpo al tenerlo cerca. Él había sido el único hombre con el cual quise casarme y tener hijos, pero después de la mentira, la existencia de su novia y todas esas cosas, la magia se rompió para siempre. Él me dijo que esta vez sería diferente, que se quedaría. Me confesó que le gusto desde que nos conocimos y que no soy para él ni una obsesión ni una materia pendiente. Eso es lo más difícil de entender. Él simplemente ha dejado pasar el tiempo sin hacer nada para estar conmigo, por lo que sospecho que él cree que tendrá otra vida donde podrá aprovechar conmigo las oportunidades que dejó pasar en esta; sin embargo -para mí- ya pasaron todos los trenes y él no se subió a ninguno. Al día siguiente de haberlo visto a N me reencontré con D, un ex novio de la adolescencia. Esa noche me llevó a casa, nos mandamos mensajes toda la semana y quedamos en juntarnos antes de que acabara 2011. Lo cierto es que se nos fue un año más con la actualización pendiente de los estados de nuestras vidas. Con él siempre nos pasa lo mismo: seguimos cada uno por su camino pero inevitablemente nos cruzamos y ciertos tramos los hacemos juntos. Antes me preguntaba qué hubiera pasado si nos hubiéramos conocido de adultos, pero ahora supe que todo pasa por alguna razón y aunque nos toque caminar juntos, él siempre será para mí el niño que conocí y yo siempre seré para él la chica aburrida que jamás imaginó como madre de sus hijos. Una semana después, en el lugar menos pensado y el momento menos oportuno me encuentro con M. Él supo ser un compañero de trabajo y mucho más. Su presencia en mi vida se prolongó por más tiempo que el pensado, porque insistía para que no lo olvidara, pero siempre me encontraba en otra historia y yo no podía quererlo. Él era demasiado raro. Él le devolvió a mi vida cosas importantes. Él me despertó de un largo sueño. No era para nosotros estar juntos. Nos miramos a los ojos y charlamos como si jamás hubieran pasado tres años de ausencias. Me dio su tarjeta personal y me pidió que le escribiera. No lo hice. Diciembre me permitió mirar a mis fantasmas a los ojos y enfrentarlos. Tuve que elegir entre reincidir o ser anticíclica. Me incliné por esta última opción. No solo cierro un año, sino que termino una etapa de mi vida que tal vez se había prolongado demasiado.
|
|
|
|
|
|