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Por Federico de los Santos
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Para hablar de V for Vendetta hay que hablar de su hacedor, un verdadero maestro, anarquista, ocultista y guionista británico de historietas. Alan Moore (*) es al cómic lo que Bob Dylan al folk: una voz que llegó para homenajear y a la vez renovar un mundo que parecía haber agotado sus posibilidades. Nacido en una familia de trabajadores en 1957, en Northampton, un pueblo al noroeste de Londres, escribiría en 1986 otra de sus obras maestras -sí, el señor tiene más de una-: Watchmen, una novela gráfica que reformuló a los superhéroes bajo una óptica realista e ideologizada y que es considerada por más de un crítico como la mejor obra del 9º Arte.
V for Vendetta, publicada entre 1982 y 1989, está dibujada por el oscuro artista David Lloyd. Ubicada en los años 90 -para la época, un futuro lejano- muestra un Reino Unido gobernado por una coalición de movimientos fascistas llamada Norsefire (?Fuego Nórdico?), con cámaras de vigilancia en las esquinas, medios inundados de propaganda estatal y una policía corrupta; todo bajo el control de su propio führer, Adam Susan. Moore conoce los mecanismos del fascismo y propone un pasado decadente de pobreza y guerra nuclear, panorama ideal para el ascenso de la extrema derecha, con campos de concentración incluidos.
Todo organismo genera anticuerpos, y en este panorama a lo Farenheit 451 surge V, un hombre (un símbolo) con una máscara de Guy Fawkes (conspirador opositor a la corona británica del Siglo XVI), un espíritu romántico y anarquista sacado de un folletín de Dumas que no tiene reparos en aplicar la fuerza -o, mejor dicho, la pólvora- para hacer volar cualquier símbolo del poder totalitario, Parlamento incluido.V conoce a Evey, una prostituta adolescente a la que rescata de unos policías abusivos, y la lleva a conocer su refugio subterráneo rodeado de cuadros, libros y discos, la cultura que está prohibida en las calles. Como un Virgilio pero al revés, que le muestra que el infierno es lo que está pasando afuera. A la misión de V, matar a una serie de autoridades vinculadas de alguna manera con su pasado, se suma la historia de Finch -un investigador del Gobierno no muy convencido de los ideales fascistas a quien se le encarga detener al terrorista- y otras varias intrigas políticas.
Hay más: Moore crea V for Vendetta en pleno período de Margaret Thatcher como Primera Ministra, con un panorama político que es un cóctel de valores cristianos, nacionalismo, antisindicalismo y economía neoliberal: no era el Norsefire, pero casi. El autor escribió esta obra de ciencia ficción para hablar, no tanto del futuro, sino -como diría J.G. Ballard- del presente. En ese sentido, la adaptación fílmica de 2006 de los hermanos Wachowski resulta un poco edulcorada ideológicamente, y habla más de la rebelión en general que de la dicotomía fascismo versus anarquía.
La historieta uruguaya reciente ha sido esquiva al género. Está la serie de superhéroes Los Ajusticiadores!, en la revista Sidekick, con guión de Fernando Ramos y dibujos de Fernando Souzamotta, que plantea un Montevideo devastado, poblado por planchas y un grupo de héroes cuasi-paramilitares que velan por la seguridad de la gente bien, algo así como lo que se supone que iba a pasar si Mujica ganaba las elecciones. En un país que junta firmas para encarcelar adolescentes, e intenta alimentar el agujero negro del vacío existencial con basura televisiva importada de la vecina orilla -o peor, producida acá-, parece que no va a faltar material para que los historietistas sueñen con mundos peores, como ejercicio de imaginación, como señal de advertencia.
(*) Para más información sobre Moore se recomienda el documental de 2003 The mindscape of Alan Moore, disponible para bajar en int? para comprar en las tiendas, quise decir.
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