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Invitada: Sofia Etcheverry (*)
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Hace dos años exactos me encontraba jugando a reescribir Un buen negocio, la última obra estrenada por Florencio Sánchez, y como todo juego, el azar se volvió un elemento fundamental en el encuentro con nuestro padre dramaturgo.
¿Cómo fue que partiendo de una obra escrita en 1909, e imaginada en el Buenos Aires de aquel entonces, llegué a Uruguay en 2030? Una decisión caprichosa se podrá decir, aleatoria quizás, tomada bajo la consigna de las libres conexiones que como creadores hacemos. O por rima, como diría el maestro dramaturgo Mauricio Kartún. Los materiales que Un buen negocio me proporcionaba eran muy sugerentes: tenía una heroína de discurso vehemente, una familia empobrecida amenazada con ser desalojada y un villano con piel de salvador. En medio de esto, el fantasma de una traición cometida a manos del villano y nada menos que al padre de la chica.
Tenía ganas de escribir y pensar la escena desde un contexto futurista, distópico, alentada por la capacidad que el teatro tiene de nutrirse de otros géneros. Así fue que tensioné, como quien tira con arco o lanza con catapulta ?por qué no- aquel pasado con tintes melodramáticos, lo arrojé hacia el futuro y surgió Aversión: cuando la miseria aprieta un poco. Aquel pasado, nuestro presente y una hipótesis de futuro como tres planos temporales que conviven de manera aglutinada. Es que al día de hoy parece difícil imaginarse un futuro que no sea retrofuturista, al menos desde nuestro paradigma tercermundista.
Como siempre se ha dicho que somos un país tapón entre dos grandes, ya era hora de extremar esta imagen, y plantearnos la hipótesis de Argentina y Brasil disputándose cada mitad del paisito. Algo en el lenguaje de Sánchez, su obsesión por el honor entre otras cosas, conectaba con este contexto bélico, y así fue que surgió la idea de una célula guerrillera empuñando fusiles mauser y la ciudad de Montevideo sitiada por el no-bando ?la escoria pastabasera?. El año 2030 aparecía como un buen candidato para que se desarrollase la historia. Por un lado, como año del bicentenario de la Constitución (evitando la discusión de si correspondían o no los festejos ocurridos este año), y por otro, como fecha del potencial mundial de fútbol que se va a jugar en nuestro país. Trasladé la acción al corazón de nuestro país, Durazno, porque se podría sospechar que aún en 2030 se podrá encontrar allí algo de ingenuidad o de inocencia. Y me interesaba conservar esos elementos que a nivel del comportamiento de los personajes encontraba en el texto de Sánchez.
La ?familia? de Ana María, nuestra heroína, integrada por Marcelina, su supuesta madre, y Basilio, su novio, pasaron a ser la fachada de lo que en realidad era la última célula de un frente que resistía por la supervivencia del Uruguay como país soberano. Me divertí al parodiarlos con cariño, ya que el grupo no se mostraba muy idóneo en temas de seguridad y combate; la mayor parte del tiempo pasan los tres durmiendo en un colchón.
La abuela y los hermanitos del texto original, fueron trasladados al sótano en esta versión: un poco para protegerlos del afuera y otro poco, digamos como son las cosas, para hacerlos pasar hambre. Pero es que todos los integrantes de la casa, tanto los de arriba como los de abajo, pasan hambre. Durante la obra, cada vez que se menciona a los que viven en el sótano, se va a dar una visión distinta. Marcelina va a ver a la abuela como una viejita tierna, mientras que Ana María dirá de ella que está fuerte como un roble y tiene un fusil en su silla de ruedas. Lo mismo sucede con la construcción de los niños: podemos quedarnos con la idea de que son unos nenitos chicos o unos delincuentes de 13 años.
Sobre el final, se comerán a Ana María, que en un acto de sacrificio se entregará en cuerpo y alma a los más necesitados. ¡Canibalismo en Sánchez! ¡Adónde hemos llegado! O también la más directa referencia al ritual canónico de la tradición cristiana. ¿O no es la hostia representación del cuerpo de Cristo? En fin, todo un panorama postapocalíptico y bien oriental, que bien podría resumir la propia pesadilla de octogenarias y de Bordaberry hijo.
(*) Actriz, dramaturga y directora teatral nacida en Montevideo en 1980. Es autora de las obras Quitamanchas y Aversión: cuando la miseria aprieta un poco.
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