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Luciano Demarco me comentaba sobre el curioso devenir en estos lares de la canción ?Fuego? de Bomba Estéreo, desde su aparición como joyita secreta hipster hasta su reciente inclusión en el repertorio del grupo turro Las Culisueltas. El mérito puede ser del aura de la propia canción, pero lo más interesante es cómo fue a parar en el reciente fenómeno social-musical: el wachiturro.
El wachiturreo como subgénero cúmbico traslada el concepto de mashup a un espacio nuevo. Esta suerte de posmodernidad de manual, hecha de forma tan instintiva y gozada, sorprende a más de uno. Cosecha comentarios y reacciones a lo Lady Gaga, en el sentido de ?esto ya lo hizo Fulano?, ?esto es tal canción?, ?esto es un ROBO de tal cantante?, óptica que a los turros no les interesa en lo más mínimo, ni siquiera a nivel de Derecho de Autor, porque están pensando en otra cosa. Están pensando en su cuerpo y en su deseo, tranquilazos.
A diferencia del cumbiero hasta ahora conocido, el turro no está tan preocupado en reafirmar su masculinidad. En su cortejo adopta elementos socialmente femeninos como la depilación, el maquillaje, los colores rosa. Las turras usan las camisetas de fútbol, entre otros elementos. Claro que la camiseta de fútbol ya ha sido muy explotada por el imaginario ?ratonero?, poniendo a las minitas con los colores del cuadro de sus pasiones. No queda tan evidente.
Las letras tampoco se preocupan demasiado por la reafirmación masculina (no es eso de ?se te ve la tanga?, ?la baranda a leche que largás?) y el arengue de testosterona se vuelve más de cadera, más de coqueteo, también en el sentido de zigzag del cortejo. Hay un jugueteo y un placer en el trámite, en el baile, en la galantería. No es directo como ?agachadita tomá la mema?, aunque el objetivo sea el mismo: meterla. Opuestos a la rigidez de los pasitos planchas, los turros tienen más apertura, exponiendo todos sus chacras en la danza. Esa exposición deja a la mujer con más iniciativa. Por eso, ante la agresividad del perreo, o la introspección villera con sus rimas machistas, triunfa el recorte y pegue de letras del reggaetón, más melosas y ?románticas?.
El pasaje de Nike a Lacoste es muy simbólico y sorpresivo. Los militantes de la ?diversidad? jamás sospecharon que el concepto de ?friendly? iba a llegar con tanta rapidez a ese sector de la sociedad. Muchísimo se les debe a los floggers, claro. Evidencia que un cambio estético también es político o, al menos, da esa ilusión. Cuando los Wachiturros cantan en boliches gays arengando a que ?los solteros esta noche encuentren otros solteros?, puede que sea una buena estrategia de marketing, pero aceptar ser objeto de deseo para otra sexualidad y, además, ser inclusivos, es un paso grande.
Probablemente no sean una revolución, pero al menos hacen pensar un poco. Ni que hablar de lo que te hacen bailar. Por ahora el fuego está prendido. No lo dejes apagar.
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