|
Me llama mi editor favorito, en el mismo momento que miles de uruguayos desencajados celebran en Corrientes y la 9 de Julio la victoria en un partido de fútbol que según parece es muy importante. Apenas logro escucharlo mientras trato de eludir a la hinchada y salir de ahí. Él, mi editor, está igualmente desencajado como sus compatriotas, pero por otro tema muy distinto. Me dice, me pide, me grita, que escriba un artículo sobre el club de los 27. ¡Se nos fue Amy!, grita mi editor, como si la conociera de toda la vida. Tenés que hacer la nota vos, que conociste a Amy y a Kurt, insiste.
Le digo que pare, que escuche, que no logro entenderlo bien por el ruido que meten estos idiotas. Le pregunto si se siente bien, que por qué mejor no festeja los goles de Forlán en lugar de llamarme un domingo a la noche. Se tranquiliza, respira un poco menos agitado, pero inmediatamente vuelve a la carga: ¿no entendés que se murió Amy, Amy Winehouse? Ya lo sabía, pero no se lo digo, me dan ganas de jugar un rato con mi editor, así que le largo varias preguntas al hilo. ¿La loca? ¿Se murió? ¿Y de qué se murió? ¿Se ahogó en su vómito? Para qué, se puso peor. ¡Rusky! ¡Con eso no se jode!, me dice mi editor y yo quedo sorprendida ante tanto amor hacia una cantante de soul por parte de un sudamericano sin raíces negras. La Winehouse se acaba de morir de una supuesta sobredosis ?agrega mi editor, muy correcto en el uso de la probabilidad- y eso la hace entrar en el club de los 27. Disculpame ?lo corto, un jocosa, quizás algo estimulada de más para ser domingo a la noche en Buenos Aires-, pero no te entiendo, ¿qué es eso del club de los 27? Casi me rompe los oídos con la respuesta, visiblemente irritado: ¡Rusky!, Rusky, ¿qué clase de rockera sos? Y me explica a los gritos que se refiere al club de los artistas que mueren jóvenes y dejan cadáveres bonitos, que ese es el club de los 27. En un instante se pone en plan seductor, y me vuelve a pedir: Rusky, haceme una nota del Club de los 27, por favor. Le dura poco, porque contraataco presumiendo que James Dean era joven pero el cuerpo no le debe haber quedado muy lindo retorcido entre los hierros de su coche. ¡James Dean se murió a los 24!, me informa, bastante exasperado. ¡No es del Club de los 27!
Entonces le pregunto, una vez más, entre pragmática y sarcástica, ¿qué es eso del Club de los 27? Reprime su enojo y vuelve a bajar el tono, aunque sé que está completamente irritado. Lo conozco. Son los artistas de rock que se mueren jóvenes, a la edad de 27 años, y dejan cadáveres bonitos: Jim Morrison, Brian Jones, Jimi Hendrix, Kurt Cobain, Janis Joplin, y ahora Amy, Amy Winehouse. Me la da servida... Todo bien, pero lo del cadáver bonito es joda, ¿no? Porque Amy y Janis muy lindas no son. Y Brian Jones, más o menos. Kurt sí era lindo, muy lindo. Y Morrison, bueno, no lo tengo muy visto.
¡Rusky! ?corta en seco mi editor-, ¿qué te pasa?, ¿estás drogada?
Un poco ?admito-, me siento como en una fiesta rave, todo concepto celeste, todos felices.
¿Me podrás hacer entonces la nota de los 27, vos que conociste a Amy y a Kurt? La necesito cuanto antes.
Me desperezo un poco y empiezo a hacer foco en el pedido. Le admito y le aclaro a mi editor que a Amy la vi unos 65 segundos en el baño de un camarín en São Paulo y a Kurt no lo conocí -no soy tan vieja-, que se debe confundir con mi encuentro, de unos dos minutos o tres, con Dave Grohl, también en Sao Paulo, también en un baño, en una fiesta. ¡Qué le cuente esas dos historias y la vincule con el Club de los 27! Ahí va, señor editor...
***
A Amy me la crucé este verano en el baño de un show en el Arena Anhembi, en São Paulo, como les había contado. Salía del baño cuando ella entraba, completamente borracha, se tropezó y se dio de frente la pera contra el borde de los lavabos. Se rió, nerviosa, pidió perdón por vaya una a saber qué y salió corriendo pidiendo un doctor. Nunca más la volví a ver.
A Dave también me lo crucé en São Paulo, o tal vez en Río de Janeiro, en un baño, en una fiesta. También, cuando salía del baño. Él entraba, pero como un gentleman. Me lo quedé mirando como estúpida. Me preguntó si estaba bien. Le dije que sí, que era mi primera o segunda fiesta en el mundo de la industria musical, no recuerdo muy bien, que es re loco verlo en el baño. Me dice que sí, que tengo razón, que él aun no se acostumbra, que es re loco cruzarse con Caetano Veloso y Sting en una fiesta. Primero pienso que me está vacilando, pero al segundo me doy cuenta que es un auténtico chico de barrio, todavía algo asombrado de tener que ir a fiestas como parte del trabajo. Le pregunto si no le molesta tener que hacer esto, entendiendo por esto venir a fiestas. Me dice que no, que siempre se queda hablando con los mozos y que se come hasta las ostras, que al que le rompía las pelotas era a Kurt.
¿Por qué no le gustaban las fiestas a Kurt? -le repregunto. Porque era un infeliz, me espeta mientras me pide permiso y se mete en el mingitorio.
Me quedo pensando en la traducción literal de unhappy al español, y me doy cuenta que quizás la traducción real sea ?no feliz?. Me cuelgo pensando en Kurt cuando sale Dave del mingitorio y me dice: poor unhappy, Kurt was an poor unhappy, mientras me da un beso en la mejilla y sale rumbo al salón
|
|