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Hay una idea constante de juego, de seducción irónica y parodiada a partir del escritor que se sabe experiente y locuaz. Juan Bennett, autor de El hábito del arte, muestra un Auden asumido en su homosexualidad, provocador, sugerente de propuestas estéticas. El momento de mayor vorágine de la trama se da en el encuentro con Britten (compositor británico y ex amante), ambos incrementan recuerdos compartidos, miedos acabados y aún padecidos, la terrible conciencia del cercano final, enfermando frente al usual veredicto, ?a todos nos prometieron, a gritos o tartamudeando, la vejez y la muerte?.
Roberto Fontana como Auden logra una interpretación descomunal, los gestos, sobresaltos y vaivenes del protagonista arrebatan y sorprenden al público en un frenesí constante. Juan Graña como Britten también está muy bien, personaje más retraído, tímido y reprimido que encuentra en Auden una especie de guía (sexual y profesional). La dirección de Jorge Denevi logra una puesta compacta, evita la morosidad habitual de la metateatralidad (toda la pieza es un ensayo, está la voz de la directora, Alma Claudio, la participación de los demás actores, Robert Moré, Paola Venditto, Xavier Lasarte, Laura de los Santos, Sebastián Mendy, Walnir de los Santos y Sebastián Serantes), alterna clímax con momentos de menor intensidad, acompasado en forma fluida con las actuaciones. Cada detalle pasa a ser objeto de contemplación, como la taza de té de Alma Claudio, que luego es incorporado al cúmulo de sentidos transferibles. Este desdoblamiento, el de la obra siendo representada en escena, conduce a un desarrollo sugestivo por parte de los actores. Moré (taxi boy) es confundido con Lasarte (periodista); sin quedarse en el episodio anecdótico, ambos desarrollan una parodia de lugares comunes, resignificando el concepto y los intereses en juego. Se lleva a cabo una heterogeneidad de discursos en la cual el espectador no se confunde en torbellinos de presunciones intelectuales, es el escritor y su amante que se encuentran en la vejez, luego de treinta años. El hábito del arte lo profesa Auden, alguien que no puede despegarse de esa simbiosis, la vida y su obra, la decisión de entrega, la pasión y el esfuerzo que se traducen en un personaje sorprendente.
Este espectáculo muestra una ocurrente adaptación a la Sala Dos del Teatro Circular, una apropiación del papel por cada actor a partir de un código de seducciones, de una fantasía en la que el público puede ser incluido. O al menos hacer el intento.
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