|
 |
|
|
|
Una de mis amigas dijo que quería presentarme a un amigo de su novio. Aclaró que se trataba de un hombre de la edad de su pareja, unos 40 años, y agregó a su comentario que yo debía buscar candidatos de esa edad y dejar de probar con niños de 25.
Mi primera pregunta fue si era pelado. No me gustan los pelados, y pensando que por su edad era altamente probable que lo fuera, dejé clara mi primera advertencia. Ella me respondió que no, que tenía ?entradas?, que era un rubio de ojos claros, simpático, agradable, divertido. Insistió que para ella era muy lindo y que lo único que tenía eran unos kilitos de más, pero que se podían bajar. Los kilos, si son pocos, con trabajo y ganas se pierden, y mi amiga me conocía, así que el candidato podía cuadrar en mi perfil. Seguimos hablando y me contó en qué trabajaba... me dijo su nombre. Inmediatamente, y sin comentarle a mi amiga, lo busqué en Facebook y supe que la única cosa en el mundo que quería con certeza es que ese hombre jamás me llamara. No eran solo unos kilos de más, era como si se hubiera comido a otras dos personas y además era muy, pero muy feo.
Unas dos semanas después visité a mi amiga. Su pareja insistió toda la noche con que debía conocer a su amigo, que era la persona ideal para mí. Nos veía casados y con hijos. Yo no sabía cómo decirle que lo había buscado en Facebook y que no me gustaba. No quería sonar superficial, pero es la pura verdad: no me acerco a un tipo porque tenga cara de bueno o inteligente, me acerco por alguna atracción física, la cual en mi caso no existía.
Durante toda la noche estuvieron planificando una salida para los cuatro. Insistieron tanto que intervino el hijo mayor del novio de mi amiga, que estaba ahí con nosotros, y les dijo que era realmente gordo y feo... así que de algún modo él expresó mis pensamientos y logró que no volvieran a insistir con el asunto.
El sábado pasado tuve un cumpleaños. Otra amiga aprovechó la oportunidad para mostrarme la foto de un chico que quería presentarme. La foto era oscura y casi no se veía. Me había dicho que era un tipo lindísimo, otro de esos que tienen 40 pero no han logrado casarse ni formar una familia. Otra vez la misma historia: estaba presente el hijo de mi amiga, quien dijo ?¿le querés presentar al cara de ratón??.
No sé qué es lo que lleva a mis amigas a pensar en mí cuando conocen a estas personas. Lo que sí tengo claro es que los adolescentes dicen la verdad, así que escucharlos y hacerles caso me ha evitado un par de malas citas. A veces pienso que, o bien mis amigas realmente no me conocen en absoluto, o detrás de la simpatía y la buena onda, me odian.
|
|
|
|
|
|