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Buddy Holly no hace otra cosa que seguir echando luz, desde su genialidad creativa y performática, a más de cincuenta años de su muerte. En competencia con Bill Halley, Elvis Presley y Chuck Berry, vivió para regalarnos los componentes fundamentales del rock and roll. Rave On Buddy Holly, publicado hace apenas dos meses, es un soberbio tributo a su obra, impactante en variedad, cantidad y calidad. Diecinueve canciones abordadas en diversas claves y sensibilidades, permiten tanto deleitarse con la belleza de The Black Keys haciendo ?Dearest?, como ponerse al tanto de en qué anda por estos días la musa Fiona Apple... así nos enteramos de que la señorita Manzana se acompaña de Jon Brion y lleva al territorio del mejor gusto la inolvidable ?Everyday?. Apenas el oyente puede recuperarse de los dos primeros rounds, en el tercero aparece, avasallante, universal y gardeliano -otro que cada vez canta mejor-, el interminable Paul Mc Cartney, quien con facilidad beatlera firma con identidad hipergroovera su versión de ?It?s So Easy?.
Pero esto apenas empieza. Después de los Black Keys, Fiona y Paul, siguen, en este orden, Florence & The Machine con ?Not Fade Away? (busquen en la web su recital en Morning Becomes Eclectic), Cee Lo Green, Karen Elson (si fuera francesa, Carla Bruni no hubiera tenido chances), y luego el stroke Julian Casablancas deconstruye a Holly como pocos, con ?Rave On?.
La simpleza y la complejidad que alternan en la obra de Holly son trastocadas con un sentido artístico superior, en las versiones de Jenny O, Justin Townes Earle, She & Him, Nick Lowe, Patti Smith (a esta altura, honoris causa en covers), My Morning Jacket. Y hay más. Mucho más. Más de lo que suele hacer la variedad: Modest Mouse, Kid Rock, The Detroit Cobras, Lou Reed (aviso que puede llegar a producir temblores su arreglo de ?Peggy Sue?), John Doe, Graham Nash.
Rave On Buddy Holly es una maravilla para los amantes de Buddy Holly, es la envidia de cualquier supersónico. Es una excelente ensalada de grandes estrellas del rock, del pop y del country que reverencian al mito del legendario apóstol que inventó mucho y murió joven. En un mundo ideal, es un disco que todo amante de la música debería tener, por muchas razones que empiezan a enumerarse en 1950... cuando un adolescente de catorce años soñaba con ser una estrella de la canción.
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