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Tiene cara de bueno. Tiene esa típica mirada en un punto indeterminado, como mirando la nada, porque es incapaz de fijarse en otra mujer, de reparar en una mujer distinta a la suya. Cuando se presenta lo primero que dice es: soy tímido, siempre fui tímido, y si no lo dijera, igual todas lo sabríamos, porque destila esa condición por todos los poros de su piel, una condición que tal vez no vaya de la mano con lo que hace y con su actitud extrovertida, pero poco importa. Tiene cara de bueno, tal vez un poco pirata, y es por eso que a veces pienso que esa contradicción se debe a que para él pelear contra la timidez significa actuar las veinticuatro horas del día en plan simpatía. Ojo, otras tantas veces sospecho que se vende así porque sabe que en el fondo, esos hombres, los tímidos, nos parecen más tiernos que los cancheros que piensan que se las saben todas.
¿De dónde sale esa paradoja? Muy simple. Porque la Susanita que todas llevamos dentro -sí, todas, aun cuando algunas creamos que esa parte nunca existió o murió hace mucho tiempo- quiere a un hombre así, a uno con cara de bueno y con apariencia de que sabrá tratarnos dulcemente y protegernos, a uno que se cree perfecto y que de tanto auto-ponerse el cartel de "winner" siempre termina solito y tildado de "raro" y de "loco".
Igual, con él aprendí que todos los hombres, incluso los que tienen piel de cordero, esconden debajo un lobo al acecho, un hombre infiel latente que en cualquier momento se les sale de control. Tiene cara de bueno, pero es un pirata.
Él no se ha sacado el anillo de su dedo anular derecho. No lo ha hecho aún, porque si lo hace y descubre en la posición tan privilegiada que se encuentra respecto al deseo que las mujeres sentimos por él, no podría volver a ponérselo.
Me gustaría decirle que en mí puede confiar. Podría darle el teléfono de los otros casados con los que salí para que pida referencias, para que ellos le aclaren que no jodo, pero lo cierto es que me cansé de ser el postre ?algunas dirán "la segunda", o "el premio consuelo", pero yo me siento más como el postre.
Me pregunto cuántos hombres como él podrían jugar de piratas. A ellos, quiero decirles que estar en un medio tan masivo como Internet, a propósito y ocultando datos que son obvios, es lo mismo que salir un sábado de noche con amigos y sacarse el anillo.
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