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Desde el año 1966, cuando se lanza a los escenarios en formato dúo con Carlos Perciavalle, el éxito no ha abandonado a Antonio Gasalla y sus personajes...La Abuela, Mamá Cora, La Empleada Pública, Soledad. Este año, regresó a las tablas con Más respeto que soy tu madre, de Hernán Casciari, una desopilante mujer gorda y cincuentona, algo más usual que sus ya conocidas caricaturas femeninas.
La pieza se centra en una familia disfuncional bonaerense -que a esta altura ya pasó a liderar el modelo-, de ironías, desparpajo sexual y cinismos varios; historia que el público ansía expectante, ya con una mueca de sonrisa esbozada. Las actuaciones, lideradas por Gasalla, construyen un in crescendo paulatino de sobresaltos continuos, armonizados por la fluida relación entre los intérpretes: desde el adolescente creativo de vagancia, hasta el gay mutado en heterosexual sin saber muy bien por qué. La dirección logra que cada personaje mantenga los caracteres propios dentro de ese universo escatológico y grotesco. Estos apéndices de la irreverencia y las localidades agotadas con precios altos, probablemente sean ajenos al público uruguayo convencional. La influencia porteña parece habernos alcanzado en todas sus dimensiones; cada vez se ven más espectáculos de revista, propios o importados.
La construcción de la mujer propuesta por Gasalla pasa por varios registros discursivos. El de la incontinencia verbal, la exageración y la calumnia, tal vez sea el más fácilmente identificable. Pero es complementado por significaciones varias que las carcajadas no necesariamente aplacan. Se plantea que en la familia la mujer es quien lleva adelante las desavenencias económicas, los abandonos, el desempleo. Por ejemplo Matilde, escrita junto a Enrique Pinti en plena época de dictadura, patentiza el declive de la clase media; en Esperando la Carroza se escenifica la década del 70, la marginalización de la tercera edad y la desigualdad social.
Más respeto que soy tu madre es la historia de Mirta Bertotti y su familia, creada por capítulos en un blog. Aquí más que conducir aparenta padecer y sugerir, anclada en el edipo con su hijo mayor; las desavenencias con el adolescente; casi el estímulo a la sexualidad precoz de la hija mujer. Y se adapta, intenta encauzar decisiones ajenas, se lo toma con humor, sobrevive. En definitiva, un personaje que recrea en la mujer y su ritual desde la cocina y la familia, algo más que arquetipos comunes, humor y pasatiempo. Antonio Gasalla: invención, comedia y drama.
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