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Viene llegando el invierno, y lo puedo expresar con la alegría y la euforia que no me producen ni el verano, ni el Mundial, ni las vacaciones, ni la Navidad. El invierno es mi estación favorita, me gusta la temperatura, el paisaje, la moda, las vestimentas de las personas, la dinámica de los bares, la agenda de la ciudad, el frío, el viento helado en las plazas, las noches largas tempraneras y eternas.
¿Cómo expresar de una manera clara este amor que siento por el invierno? Es el momento de aclarar, ?ya que alguno debe pensar que estoy totalmente extraviado, lo cual es cierto- que no creo ni en el otoño ni en la primavera, que existen, ya lo sé, existen, pero para mí son estaciones-puentes, jamás las consideraré estaciones posta posta. La primavera y el otoño son una suerte de planetoide como Plutón, a los cuales el calentamiento global se ha encargado de ir borrando como estaciones per se y cada vez duran menos y por lo tanto significan menos. Digamos que la primavera es esa odiosa puerta de flores y plátanos en los ojos que nos prepara para la terrible experiencia que será el verano. Así como el otoño es ese hermoso puente dorado, breve y fugaz, donde las hojas se van muriendo y todo se va oscureciendo, terminando, acabando. Es que al llegar el invierno, nos esperan los días grises, el frío, el silencio, la noche.
El invierno es la vivencia misma del año duro, es el trabajo, la sensación de que se tiene que trabajar, poner los pantalones y salir a la cancha. No es la vacación facilonga y pseudo jodona del verano. En el invierno es donde se ven los pingos. Se puede decir que es también una posición filosófica, o algo así. El verano es una gran mentira en nuestro hemisferio, porque nuestras vidas se parecen mucho más al invierno. Pero por tener a Brasil muy cerca, o vaya a saber por qué ascendencia canaria, soñamos con el calor del verano. Pero si lo pensamos detenidamente, casi todas sus características son despreciables, o al menos, no deseables.
No encuentro atractivo en el calor excesivo que produce sudor, pegotea la ropa y nos marea, nos entorpece, nos aniquila. ¿Hay tortura más atroz que dormir con la ventana cerrada o con la sábana hasta la cabeza porque merodean una sarta de bichos que no hay repelente que los aleje? Y para coronar toda la porquería: ¡las playas! Esta copia barata de Caribe, con personas promedio mostrando sus cuerpos que?, en fin,? como decía un profesor que tuve, ¡un poco de belleza, por favor!
En cambio, el invierno, ah, el invierno: estufa, bolsa de agua caliente, un cuerpo desnudo al lado, manta térmica, lo que sea, y los atuendos que son infinitamente superiores; jamás podremos comparar la belleza y estilo de las gabardinas, sacos y sacones, con la terrajada de los shorts de baños o mallas... ¿Qué más puedo decir? ¡Qué maravillosa vida tenemos por delante!
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