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Hace apenas un par de meses me tocó pasar por Lisboa. No fui a Portugal en plan de recorrer, ni tampoco de quedarme mucho en la capital. Estuve durante tres días en un balneario llamado Sesimbra, donde se realizó el festival Super Bock, un encuentro de tres días cargado de música indie y alguna que otra figura mainstream.
Mi última gran experiencia festivalera había sido en el Coachella, en Indio, California, hace tres años, de modo que solo restaba que fuera un éxito. El Super Bock anunciaba sonido espectacular, una selección y disposición de bandas acorde a lo que se paga -40 euros por día, 70 el abono por los 3-, y buenas instalaciones para pasar el fin de semana en carpa. Llevo tiempo cubriendo los festivales en Durazno, y fue una linda sorpresa saber que en cuanto a organización el Pilsen Rock no tenía nada que envidiarle al festival portugués.
Sí, el sonido era mejor que el del festival uruguayo. Sí, se utilizaban tres escenarios, uno para bandas conocidas aunque no demasiado masivas, una carpa de electrónica y, finalmente, el escenario para los consagrados. Por esos escenarios pasaron Pet Shop Boys, Vampire Weekend, Julian Casablancas, Hot Chip, Spoon, Ricardo Villalobos, Beach House, Grizzly Bear y? Prince.
Sin embargo, la organización fue un desastre. Llegar al lugar desde la estación de tren -a unos 15 kilómetros- era casi imposible. Había solo dos ómnibus a partir de las 12 del mediodía, a un promedio de una salida por hora, por lo que la (casi) única opción era un taxi de 20 euros. La zona del camping estaba situada en una parcela pegada al escenario, entorno natural muy parecido al de El Pinar: pinos, piñas, raíces y mucha, mucha arena y polvo en terreno irregular. Las duchas estaban en esa misma zona, pero al aire libre y sobre el barro. ¿Cargar el celular para no quedar incomunicado tres días? Imposible. ¿Comida fuera del predio, para los que acampaban? Apenas un carrito de kebab.
A algunos de mis amigos europeos les gusta decir que los uruguayos somos muy ?majos?, para disculparnos por las cosas que no funcionan en nuestro país. Fue bastante particular ver a los portugueses haciendo eso todo el tiempo durante el Super Bock. Por supuesto que esto no intenta ser un juicio ?a lo turista? sobre si somos o no como los portugueses en ciertas cosas. A lo que voy es que me quedé con la sensación de que por mucho menos de las cosas que vi en ese festival se han castigado iniciativas que, al parecer, están bastante a la altura ?a veces, incuso más arriba- de lo que se hace en lugares donde los consumidores de música realmente pagan, y pagan muy bien.
Escribo esto pocos días después de que se haya anunciado que el Pilsen Rock se muda a Montevideo, más concretamente a la Rural del Prado y al Teatro de Verano, que los Pixies van a tocar y que los Queens of the Stone Age van a estar cerrando, lo que significa que por primera vez artistas anglosajones van a participar del evento. Me parece una gran noticia.
No siempre me gustó todo lo que vi en el Pilsen Rock a nivel de cuestiones como el acceso o los servicios. Muchas veces estuve en desacuerdo con la grilla; no compartía esa necesidad de que en el festival más importante del año todas las bandas tuvieran que ser autóctonas para que la cosa se sostuviera. Tampoco es que pretenda un Super Bock en Montevideo, pero soy de los que cree que traer bandas que compiten en un lugar donde hay industria y se exporta música sirve para mejorar, para aprender y para tener más rock variado y de mejor nivel. Y nosotros, los espectadores, abriremos un poco más los oídos y trataremos de darle lugar a la música que mucha gente consume en el mundo, que no es poco.
Veo a la organización del Pilsen Rock de este año reaccionando a un tipo de público que ya no funciona de la misma forma, y que cada vez exige más y más compromiso con los espectáculos con otra calidad. En Uruguay hay por lo menos más de cinco bandas que pueden llegar a eso, y otras tantas que se pueden curtir en los circuitos de boliches, muchos de ellos cada vez más activos. Creo que, como consumidor de música, todo esto que acabo de contar son buenas noticias, tan solo eso.
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