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Hace un par de meses escribí sobre la danza desesperada del macho. Le llega el turno a otro grupo, el de las hembras. Y, en particular, las cuarentonas. La mujer a los cuarenta no debe justificar sus fines sino gozar de los medios. Pongamos de ejemplo un bar, tarde en la noche. Dos amigas cuarentonas; una de ellas cree que llegar a los cuarenta es llegar a la meta y el fin de la sensualidad, la otra cree que los cuarenta son el comienzo de la etapa más plena.
prototipo a: Creyéndose en el fin de su vida sexual, ella prefiere llevar un perfil bajo: el pelo de color oscuro y un buzo polar comprado en alguna expo de 18 de Julio. No mira a nadie, no piensa en la posibilidad de que alguien la esté mirando. Bebe convencionalmente y envía mensajes de texto a su madre para avisarle que todo está bien (la madre nunca lee esos sms, ¿para qué?) desde un celular que tiene colgado al cuello (sí, al cuello). Habla de temas muy poco interesantes y Tinelli es lo más cerca de la promiscuidad que ella ha estado. Critica rotundamente a sus amigas que tienen amantes y antes de las 2 am ya se ha ido en taxi porque es muy tarde y se da ese lujo por el miedo patético que le producen los muchachos en la esquina de su casa.
prototipo b: Nadie puede dejar de saber que ella ha entrado en el local. Se cree en la plenitud de su vida sexual y por ende solamente mira y ataca a víctimas en lo posible diez años menores. Ropa ajustada es el atuendo indicado para que la danza muestre las virtudes, fuera de tiempo musical, de caderas que prometen una mejor danza en privado. Jamás bebe cerveza y defiende los tragos como la manera más fácil de tener más charla con el barman (contenidos y procedimientos del alcohol nivel 1) y con aquellos que se acerquen a la barra siempre y cuando sean menores de 34 años. Habla sólo de hombres, no menciona a los hijos de sus amigas a no ser que sean mayores de 18, es amante ferviente y dice no querer casarse básicamente porque nadie la quiere como esposa, pero el orgullo no la deja verlo así.
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Si ambos prototipos pasan las 2 am y la gradación de alcohol permitida es dejada atrás, las parámetros de edad no existen más. El teléfono móvil se queda sin carga, los sms dejan de salir y el bucito polar termina en una silla (eso cree recordar el prototipo A). La danza ya no se reconoce como tal, bebe lo que le inviten y ambas lloran por no haberse casado nunca. Finalmente, una de ellas se va con el mismo cuarentón de la semana pasada, que sin querer queriendo se va transformando en una especie de novio con el que eventualmente se pueda casar.
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