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Me piden que escriba algo sobre el mundial. No aclaran si debe ser un texto interesante. Yo de fútbol: nada. Hijo de padre jugador de fútbol, sobrino de un director técnico? no me tocó esa pasión pero es imposible que a algún uruguayo no le haya tocado con este mundial, al menos, alguito.
Para alguien como yo, que no hace más de dos años que aprendí lo que es el área, haber visto tres partidos de corrido ya es más que un acontecimiento. Ni que hablar de haberme aprendido el nombre de los jugadores. Una novedad. Incluso durante gran parte de esa revolución nacional no estuve en el país pero entraba a internet a cada rato para leer los diarios en la sección ?Deportes?, que suele ser lo primero que descarto cuando llega el dominical.
En Suiza veía a la gente juntarse en los bares a ver sus correspondientes partidos, pero lo que se vivió en ese país europeo no tenía nada que ver con lo que me encontré al regresar a los pagos de Forlán. Locura generalizada. Como cábala ajena tuve que asistir al ritual televisivo de mis amigos más cercanos. Se reunían en la galería Soa, generalmente vestidos siempre con la misma ropa, sentados en los mismos lugares. Yo llegaba en el segundo tiempo, porque tampoco la pavada. Me dediqué a sacarles fotos y a anotar las frases que decían.
La curiosidad no la tuve durante el mundial, sino hoy, esta tarde. En la peatonal del Mercado del Puerto muchos estudiantes de Medicina se tiraban huevos y harina los unos a los otros, festejando sus flamantes títulos. Genial. Justo lo que el país necesita. La euforia y el alegrón llevó a que algunos comenzaran a cantar ?Soy celeste?. Imagino que de ahora en más va a ser así siempre: en cada festejo se arrancará a cantar ?Soy celeste?. Corren a abrazarte, sintonizan de inmediato y saltan. Por suerte hay una referencia cercana de alegría, de pasión y triunfo aunque, claro, no es que hayamos ganado-ganado. No es un triunfo completo. Igual, ya sabíamos que si queríamos celeste, nos iba a costar un poco.
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